La importancia de los humedales en México

 

Guadalupe de la Lanza Espino

Instituto de Biología, UNAM

 

El desarrollo histórico de la humanidad, en especial de las grandes civilizaciones, ha guardado estrecha dependencia con los sistemas acuáticos denominados humedales. La cultura azteca, por ejemplo, floreció bajo un manejo adecuado del lago de la Cuenca del Valle de México, y los mayas utilizaron los cenotes.

Para la definición del término nos basamos en la utilizada por la Convención Internacional de RAMSAR: “Ecosistemas tanto naturales como artificiales que se hallan permanente o temporalmente inundados, ya sea por aguas dulces, salobres o salinas, estancadas o corrientes, y que incluyen regiones ribereñas, costeras o marinas que no excedan los seis metros de profundidad”.

Es decir, los humedales son ambientes intermedios entre terrestres y acuáticos, con características de ambos, pero manteniendo una originalidad que los hace particulares.

Se pueden agrupar los humedales en interiores, costeros y marinos. Entre los primeros se hallan los pantanos, pastizales emergentes o de plantas flotantes, libres o enraizadas, ríos, ciénagas, lagos, cenotes, oasis, así como los creados por el hombre: presas, chinampas, arrozales, norias, pozos, etc. Entre los costeros están las bahías, lagunas, estuarios, esteros, marismas y manglares. Los humedales marinos son los arrecifes de coral.

Los humedales son sistemas dinámicos que cambian sin cesar en forma natural como resultado del aporte de sedimentos de las áreas adyacentes, de la subsidencia (hundimiento del fondo), del clima extremo y, en el caso de los costeros, del incremento del nivel del mar; todo esto acelerado por las actividades humanas.

Anteriormente, los humedales eran considerados tierras inútiles, lugares inhóspitos con animales indeseables y sin valor económico. Ello condujo a su mal manejo, azolvamiento, rellenado, modificación de su circulación, e incluso desaparición. No fue sino hasta principios de este siglo que se empezó a darles atención por su valor económico y diversidad de plantas y animales, y a pensar en su conservación.

Es conveniente visualizar integralmente al territorio que contiene humedales; es decir, incluir la problemática entre la sociedad y el ambiente territorial donde está enclavado el humedal.

Se ha estimado que a nivel mundial los humedales cubren una extensión de 7 a 9 millones de kilómetros cuadrados; sin embargo, diariamente disminuye esta superficie por las necesidades humanas de espacio y recursos. Existe actualmente un elevado número de países que han adoptado la política de poner coto a la destrucción y degradación de los humedales, reconociendo que deben utilizarse en forma sostenible con tendencia a la conservación (5).

México poseía apenas el 0.6% de total mundial de humedales, o sea unas 3,318,500 ha (6), de las que 1,567,000 ha eran estuarinas costeras (3), y 1,280,782 ha continentales (4); sin tomar en cuenta áreas como manglares, ribereñas, arrecifales y artificiales. Por otros beneficios que ofrecen (urbanismo, agricultura, etc.) la tendencia fue a su desaparición, y en el país se desconoce aún la magnitud de pérdida, aunque Abarca y Cervantes (1) han estimado por lo menos un 35%.

Los humedales proporcionan gran variedad de bienes, servicios y funciones, tales como: mantenimiento de procesos naturales, biodiversidad en flora y fauna, y agua y recursos para la sociedad. Son buenos ambientes para la captura de bióxido de carbono que influye en el efecto invernadero. Infiltran y recargan los mantos freáticos, protegen contra fenómenos naturales y estabilizan el microclima local.

En el caso de los costeros, reducen el impacto de las olas, corrientes marinas, e incluso huracanes. Ayudan a controlar las inundaciones y aportan recursos pesqueros, madera, y sedimentos ricos en materia orgánica para la agricultura. Por su capacidad de filtrar y absorber contaminantes, se les considera los “riñones” de la tierra. Por su parte, la industria turística aprovecha sus magníficos paisajes.

Dado que México está inscrito en la Convención RAMSAR para sitios de humedales de importancia internacional, ello implica respetar y aplicar normas, políticas y actividades de conservación, y dentro de este compromiso el país debe formular planes de uso racional de los humedales.

Está estipulado que la selección de humedales para la lista de Sitios RAMSAR deberá basarse en su importancia internacional ecológica, botánica, zoológica, hidrológica y, particularmente, para las aves acuáticas en cualquier estación del año.

La protección de los humedales requiere, entre otras cosas, del mantenimiento de su cuenca hidrológica: calidad del agua sin desvíos, rellenos y descargas residuales; preservación de flora y fauna sin introducción de especies exóticas; y explotación balanceada de sus recursos.

Se cuenta con el apoyo de la Ley de Aguas Nacionales, la Ley General de Protección al Ambiente y la NOM 022, que aún no ha sido aprobada a satisfacción; ésta se enfocaba a manglares y se encuentra en discusión para referirse a humedales en general.

Desde 1962 a la fecha diversas instituciones del país han realizado inventarios de humedales con diferentes propósitos: extracción de agua, actividades agrícolas, pesqueras, industriales, turísticas, etc. La CONABIO (2) publicó el libro Aguas Continentales y Diversidad Biológica de México, con la finalidad de regionalizar los cuerpos de agua (o humedales), y elegir los representativos con base en su biodiversidad y características ambientales. Destacaron como regiones continentales y costeras prioritarias 110, y como Sitios RAMSAR 104.

Es importante señalar que México, ubicado en una latitud subtropical-tropical con un 60% de regiones áridas-semiáridas, tiene una disponibilidad de agua mediana-baja, la cual ha permitido el establecimiento de humedales con predominancia de superficies reducidas (5-10 ha, como el lago de Apizaquito, Tlax.), y casos excepcionales de cerca de 100,000 ha como el lago de Chapala, Jal.

En este panorama de baja disponibilidad de agua y necesidades hídricas, no existe un equilibrio entre conservación de humedales y extracción de agua, aun bajo el concepto de desarrollo sustentable. Ya se han perdido superficies significativas de humedales y existe el riesgo de que dicha pérdida continúe, aun cuando hayan sido elegidos por CONABIO y RAMSAR como prioritarios. Para su conservación es necesario darles el valor económico equiparable a las actividades humanas, y de esa manera crear fondos para su preservación y posible manejo.

 

Referencias:

 

1. F.J. Abarca y M. Cervantes, Definición y clasificación de humedales. En: F. J. Abarca y M. Cervantes (eds.), Manual para el Manejo y Conservación de Humedales en México. INE-SEMARNAP, Arizona Game & Fish Department (1996).

2. Comisión Nacional para el Conocimiento de la Biodiversidad (CONABIO), Aguas Continentales y Diversidad Biológica de México (2000).

3. E. F. Contreras y L. Zabalegui, Aprovechamiento del Litoral Mexicano. CECODES-SEPESCA (1988).

4. G. de la Lanza-Espino y J.L. García Calderón, Lagos y Presas de México. Centro de Ecología y Desarrollo (1999).

5. P. Dipotet- Barcada y G. de la Lanza-Espino, Humedales y territorio con humedales. En: G. de la Lanza-Espino G. Las Aguas Interiores de México, Conceptos y Casos. AGT (2007).

6. I. Olmsted, Wetlands of Mexico, En: D.F. Whigham et al. (eds.), Wetlands of the World. Kluwer Academic Publishers (1993).