En recuerdo del Dr. Alejandro Medina*
Gertrudis Kurz de Delara (1905-1988)
Laboratorio de Cibernética
``Alejandro Medina'', FC-UNAM
Señores y Señoras:
Es para mí un gran honor hablar ante ustedes, de mi
gran maestro y amigo, el Dr. Alejandro Medina. Tuve la suerte de poder
trabajar con él en los últimos quince años de su vida y de colaborar
con él en los grupos de Cibernética de su creación: A fines de los
años 50 en la Comisión Nacional de Energía Nuclear y a mediados de
los 60 en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Aportó a esta última,
más de una docena de nuevas enseñanzas que nunca antes se habían impartido
en esta Facultad, como por ejemplo teoría de control y de decisiones,
lógica simbólica y lógica neuronal, ciencias de la computación, circuitos
y máquinas digitales u otras más del mismo conjunto. Las realizó en
sus propias clases y con ayuda de sus colaboradores, formados en años
anteriores, sin por esto descuidar su trabajo en física teórica, para
el que le habían llamado a la Facultad.
En los grupos de cibernética dedicó su mayor esfuerzo
y gran parte de su tiempo a la formación de investigadores y maestros,
a fin de garantizar una cierta continuidad a su trabajo. La cibernética,
junto con las ciencias de la computación, la teoría de los sistemas
y todo lo que hoy día se llama informática, representaban entonces
para el Dr. Medina, una parte íntegra de las ciencias del futuro,
en las que México no debía quedarse atrasado, por falta de científicos
entrenados en estos campos. En todo esto, el Dr. Medina se valía de
un don, casi mágico, para inspirar a alumnos y colaboradores con nuevas
ideas, ponerlos a trabajar con entusiasmo e iniciativa y forzarlos
finalmente a encontrar su propio camino e independizarse de su guía.
La creación del grupo de cibernética no fue su primer logro en la
UNAM. Lo hizo en mayor escala años atrás, en su propio campo, la física
teórica. Con sus estudios, trabajos de investigación y docencia en
la Universidad de Chicago en el periodo de los años 40, había adquirido
una formación de primera en la física moderna que aprovechó, después
de su regreso a México en 1947, para la formación de científicos mexicanos
en este campo. Trabajó en el INIC como director de la sección de nucleónica
y fue maestro de muchos de los más conocidos investigadores de la
primera generación del Instituto de Física. Fue muy productivo como
investigador en un gran número de campos diversos como mecánica cuántica,
reactores nucleares (su control y estadística), señales estocásticas
y otros más como lo dejan ver sus numerosas publicaciones, conferencias
y seminarios sobre estos temas. Pero se encerró en su especialidad
y encontró muy atractivo el carácter universal de la teoría de sistemas
y de las ciencias de la cibernética y de la computación. Quedó fascinado
con los problemas de las ciencias de la vida, discutidos en sus seminarios
con médicos y biólogos, en los que se consideró maestro y aprendiz
al mismo tiempo. Su fe en la trascendencia de la investigación interdisciplinaria
queda ilustrada por sus propias palabras: Miren jóvenes, la naturaleza
tuvo todo el tiempo disponible para sus investigaciones, un presupuesto
ilimitado y un descuido completo de los efectos destructivos sobre
lo que no servía. Hay que aprender de los resultados de la evolución,
entenderlos tanto como se pueda y aprovecharlos para nuestro trabajo.
El último trabajo del Dr. Medina (la organización de
un seminario sobre teoría de sistemas con participación de todas las
ramas de la ciencia, representadas en la UNAM) que emprendió a petición
del rector Pablo González, fue interrumpido por su enfermedad que
le mató en enero de 1972.
En la Facultad de Ciencias una biblioteca y el laboratorio
de cibernética llevan el nombre de Alejandro Medina. La biblioteca
nos fue donada por sus hijos. Es la biblioteca de su padre, en la
que varias generaciones de sus alumnos y colaboradores han trabajado
en sus tesis y trabajos de investigación. El Instituto de Física reparte
anualmente el premio ``Alejandro Medina-Jaime Lifschitz'' para las
dos mejores tesis del año en física teórica y experimental.
En nombre de todos sus amigos, alumnos y colaboradores
creo poder agradecer a esta Fundación por la creación de este nuevo
premio que honra la memoria de un hombre con grandes méritos para
los adelantos de la ciencia en México. Y creo también que al Dr. Alejandro
Medina le habría gustado esta forma de honrar su memoria.
* Palabras en recuerdo del Dr. Medina pronunciadas en
la entrega del Premio Alejandro Medina al Dr. Adolfo Guzmán Arenas,
durante el Simposium de la Fundación Arturo Rosenblueth en Morelia,
Michoacán, enero de 1982.