Marcos Manuel Mazari Menzer



Jorge Rickards y Angel Dacal
Instituto de Física, UNAM




Marcos Manuel Mazari Menzer, nació en la Ciudad de México el 16 de junio de 1925. Hijo de Manuel Mazari, médico de profesión y de Margarita Menzer, vivió su infancia en su ciudad natal. Realizó sus estudios preuniversitarios en el Colegio Alemán, caracterizado éste por una férrea disciplina que dejó una huella importante en Marcos Mazari. Ingresó a la Escuela de Ingeniería, donde cursó la carrera de Ingeniero Civil de 1944 a 1948 y donde fue un alumno destacado de los Ings. Alberto J. Flores y Mariano Hernández y de los Drs. Raúl Marsal y Nabor Carrillo Flores. Desde 1948, impartió las clases de Mecánica y Geometría Descriptiva en la hoy Facultad de Ingeniería. En la Facultad de Ciencias, cursó la carrera de Matemáticas de 1946 a 1948. Poco tiempo después obtuvo la licenciatura como Ingeniero Civil y después la de Físico. Se especializó en la Escuela de Graduados de Ingeniería, en Mecánica de Suelos y Estructuras de 1947 a 1949 y en Física Nuclear en el MIT de 1953 a 1954.

        Entre las actividades que ha desempeñado, cabe destacar: ayudante de geólogo y topógrafo (1943-1945), profesor de geometría descriptiva y mecánica (1948), investigador en mecánica de suelos en ICA (1947-1953), becario de la Embajada de los Estados Unidos en MIT (1954), asesor de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (1960-1965), Director del Acelerador Van de Graaff Tandem del Centro Nuclear (1966-1971), Jefe de la División de Investigación Científica y del Acelerador (1972-1975). Desde 1954 es investigador del Instituto de Física de la UNAM, profesor en el posgrado de la Facultad de Ciencias (1960-1965) y asesor del Instituto de Ingeniería de la UNAM, de 1975 a la fecha.

        Fue presidente de la Academia de la Investigación Científica (1965-1966), profesor afiliado del MIT (1969-1975), miembro de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (1973-1989) y de la Junta de Gobierno de la UNAM (1981-1990).

        Marcos Mazari es miembro de la Sociedad Mexicana de Física, de la Academia de la Investigación Científica, de la Sociedad Mexicana de Instrumentación, de la Academia Mexicana de Ingeniería y Miembro de El Colegio Nacional. Ha sido distinguido con el Premio de la Academia de la Investigación Científica (1962), el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1980), Investigador Emérito de la UNAM (1985), Doctor Honoris Causa de la UNAM (1996) y recientemente recibió la Medalla Alexander Von Humboldt, del Colegio Alemán.

        Mazari siempre ha estado profundamente comprometido con su trabajo. Como ingeniero y físico, como investigador nato, ningún sacrificio ha sido demasiado grande. Puede dejar de dormir, si es necesario, por estas sus dos grandes pasiones, a las que llena de entusiasmo contagioso, por encima de los reveses, las críticas o la incomprensión. Para él, un científico es aquél que se dedica por completo, libre y desinteresadamente a sus actividades. Es un fiel amigo, transparente en su trato, escrupuloso en dar crédito a quien lo merece y modesto en reconocer su propia obra. Hay una larga lista de quienes hemos recibido su estímulo y sus enseñanzas, en lo formal o en lo informal, en lo científico o en lo técnico; en lo cotidiano... es un hombre de una extraordinaria calidad humana.

        Marcos Mazari ama a México. Lo hace de una manera singular al querer colocar a nuestro país en la vanguardia de la investigación, con una tecnología propia. Aunque le han preocupado cuestiones tan básicas como las reacciones nucleares, nunca ha perdido el contacto con los problemas nacionales. Es coautor, con Raúl Marsal, de un libro: El subsuelo de la Ciudad de México, que recopila una buena parte de su trabajo experimental sobre las propiedades mecánicas de las arcillas de nuestro subsuelo, el hundimiento de edificios y propiedades mecánicas de arcilla y arenas para el enrocamiento de presas. Editó un libro, escrito por su padre en 1930, sobre la historia del estado de Morelos, estado por el que siente una especial atracción y en el que quisiera cristalizar sus ideas sobre la empresa familiar, la pequeña industria que tanto podría beneficiar al país.

        En 1953, cuando el Dr. Nabor Carrillo era Coordinador de la Investigación Científica, logró la adquisición, para el Instituto de Física de la UNAM, del primer acelerador de partículas del país, un Van de Graaf de 2 millones de voltios, que sería la semilla para el desarrollo posterior, en México, de la física nuclear experimental. Siendo aún contados en México quienes pudieran usar un equipo de tal magnitud, el Dr. Nabor Carrillo convenció a Mazari para ir al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la cuna de los aceleradores electrostáticos de banda. Un tanto asombrado por algo de lo que nunca había oído hablar, Mazari aceptó el reto y se desplazó a MIT. Su asombro fue todavía mayor cuando vió por primera vez el equipo que había de usar y luego reproducir en México, una maraña de aparatos y cables aparentemente incomprensible.

        Lo científico y lo técnico de la obra de Mazari en la física experimental, está resumido en su artículo ``Espectrometría Nuclear'', publicado en Instrumentación y Desarrollo en 1981. Su interés principal es el uso de electroimanes en la física experimental, que fue una parte del trabajo que desarrolló en MIT, ya que eran los instrumentos más prometedores del campo de la física nuclear. Al regresar a México y encontrar que no había experiencia en estos equipos, ni facilidades adecuadas para investigar, decidió construir sus propios dispositivos experimentales. En ese instante inició una lucha que lleva más de 30 años, con el objeto de que en México se cuente con instalaciones experimentales adecuadas para destacar a nivel internacional. Los primeros estudios que realizó en el campo de las reacciones nucleares, son parte de una copiosa información generada en MIT y en México sobre niveles nucleares y sus propiedades, que debido al uso de campos magnéticos, dan información de muy alta precisión. Durante los primeros años de su trabajo en México, trabajó en el campo de las reacciones nucleares, con medidas muy precisas en la energía de los niveles nucleares y de las masas atómicas, que le valen el reconocimiento internacional.

        Años de dedicación, perseverancia y aprendizaje lo convierten, junto con Fernado Alba, en uno de los expertos en el uso de los campos magnéticos para la investigación en física. Desde la creación de talleres, que permitan construir equipo, en los límites más altos de precisión de campos magnéticos, ha incursionado en todos los aspectos de los electroimanes: fundiciones especiales, geometrías novedosas, homogeneidad del campo, problemas de histéresis, saturación, problemas mecánicos, óptica de iones, medidas precisas de campos, bobinas especiales, enfriamiento, fuentes de alimentación y estabilidad, campo disperso, ultra alto vacío, etc. De las técnicas asociadas, tenemos el diseño de aceleradores y su equipo periférico, altos voltajes, fuentes de iones, blindajes contra radiación, sistemas de detección de partículas, en fin, todo aquello que un buen laboratorio de física nuclear necesita, comenzando por un edificio adecuado.

        Tal vez, Mazari decidió desde un principio irse por el camino difícil de construir su propio equipo. Esto no fue sólo un gusto debido a su formación ingenieril, sino el convencimiento profundo de que México necesita crear su propia tecnología. Como resultado de este convencimiento, ha construido equipo cuya calidad y novedad han evitado la importación, por ejemplo, del equipo periférico del acelerador del Centro Nuclear e inclusive han motivado el interés de compañías extranjeras por adquirir equipos construidos en México. Una parte muy importante de la construcción de equipo científico en México ha dado lugar a que se crearan y desarrollaran diversos grupos experimentales y puede afirmarse, sin lugar a dudas, que hay pocos laboratorios de física en México que no hayan sido afectados, directa o indirectamente, por la construcción del primer espectrógrafo magnético y su equipo asociado. Marcos sostiene la tesis de que ``en México es posible modificar y construir los aparatos necesarios para resolver problemas específicos así como buscar soluciones novedosas de muchos problemas, tanto en la física como en sus aplicaciones''.

        A principio de la década de los sesentas, Mazari desempeñó un papel primordial para crear el Centro Nuclear de Salazar y seleccionar uno de los equipos principales: el Acelerador Van de Graaff Tanden de 6 MV. A este proyecto dedicó 10 años; se encargó del diseño del edificio, del traslado y montaje del acelerador, del diseño del equipo asociado, así como de su montaje y calibración; del inicio de nuevas líneas de investigación y su equipo, así como de la adquisición de equipo electrónico periférico. Una descripción de todas estas labores y resultados se encuentran en un artículo que publicó en la Revista Mexicana de Física en 1969, entre cuyas partes destaca la sección dedicada al espectrógrafo magnético para medir la polarización nuclear. Lamentablemente el entusiamo que distingue la primera etapa del Centro Nuclear de Salazar no pudo sostenerse, y durante la segunda etapa, debido al ruido político, -como él le llama- comenzó una serie de tropiezos burocráticos que dieron al traste con la imagen que tenía de un centro de investigación de primer mundo. El Centro era inhóspito para la ciencia, y en 1975 decidió reincorporarse a los Institutos de Física e Ingeniería, para dedicarse por completo a la investigación.

        Algún tiempo después de su reincorporación plena al Instituto de Física y debido a la larga y sostenida colaboración entre la Universidad de Rice, en Houston, Texas, y el IFUNAM (colaboración iniciada en buena parte por Marcos Mazari, con el Prof. Tom W. Bonner y luego ampliada por J. Rickards, J. Calvillo y E. Andrade, quienes colaboraron con el Prof. G.C. Phillips) se involucró en el proyecto de aceptar la donación de uno de los aceleradores del laboratorio de T.W. Bonner, que significaba desmontar, trasladar e instalar aquí el acelerador Van de Graaff de 5.5 MeV. Mazari acogió este proyecto con entusiasmo, dándose cuenta que el acelerador tendría una gran utilidad en la aplicación de técnicas nucleares. Aunque el responsable de este proyecto es Eduardo Andrade, Marcos Mazari participó en desmontar, trasladar e instalar la máquina, diseñó el edificio donde se encuentra y ayudó a conseguir todo el apoyo económico para hacerlo realidad.

        Marcos ha publicado más de 60 trabajos de investigación, en revistas tan importantes como el Physical Review, y presentado trabajos en congresos internacionales, que gozan de un sólido reconocimiento; pero paralelo a esto, ha formado sólidos grupos de investigación que destacan a nivel internacional y que se iniciaron desde la tesis profesional bajo su dirección. De todas las enseñanzas de Marcos Mazari, la más importante ha sido su integridad personal, lo firme en sus convicciones y nos ha demostrado a todos los que hemos sido sus alumnos, que los puestos directivos que ha ocupado han sido circunstanciales, nunca una ambición personal; se sacrifica por la institución y está siempre dispuesto a ayudar, sea colega, alumno o vecino. !Nuestro respeto y cariño a ese ``Gran Marcos''!