Marcos Mazari: el físico, el ingeniero y el hombre
María Esther Ortiz Salazar
Instituto de Física, UNAM
La física nuclear experimental en México comienza prácticamente con
la adquisición de un acelerador Van de Graaff y Marcos Mazari. Cuando
lo conocí, yo era estudiante en la Facultad de Ciencias y él iniciaba
su carrera como investigador del Instituto de Física, donde, como
pionero en el campo de las reacciones nucleares, tuvo que diseñar
y construir su propio equipo científico.
Para ilustrar las cualidades de Marcos, el físico experimental,
Marcos el ingeniero, Marcos en mangas de camisa, no tengo el espacio
suficiente; por esta razón sólo mencionaré las que, a mi juicio, son
las más características en él y que se han reflejado no sólo en el
científico sino en el hombre.
Marcos es entusiasta y optimista. Desde el joven ingeniero
civil seleccionado por Nabor Carrillo en 1953 para prepararse en MIT
y poder iniciar en México una novedosa disciplina científica, ``La
Física Nuclear Experimental'', a raíz de la adquisición del primer
acelerador de partículas de nuestro país, hasta el miembro de El Colegio
Nacional, el investigador emérito de la UNAM y del SNI, miembro del
Consejo Consultivo de la Presidencia de la República y recientemente
Doctor Honoris Causa de la UNAM, que es hoy en día, su entusiasmo
y fe en el futuro no han decaído jamás.
Mazari es modesto y esta cualidad se refleja en la poca
importancia que concede a su propia labor, dándole siempre el crédito
a los demás; a sus maestros y colegas ingenieros como Raúl Marsal,
a sus iniciadores en la física nuclear e intrumentación asociada como
W.W. Buechner, A. Sperduto, H. Enge, W.T. Bonner o G. Phillips, e
inclusive a sus alumnos como Andrés Sandoval o Jorge Rickards. Sin
embargo, su trabajo ha sido reconocido por los demás habiéndose hecho
acreedor a varios premios importantes.
Cuántas veces la gente que lo rodeamos lo hemos calificado
de cándido; y es que Marcos es una persona íntegra, incapaz de pensar
que exista alguien que no lo sea.
Estas características han moldeado su labor docente:
nunca una cátedra formal, aunque siempre ha estado rodeado de jóvenes
a los que orienta, dirige tesis e inicia en la instrumentación y el
quehacer experimental.
Por la época en que lo conocí, Mazari impartía, en la
Facultad de Ciencias, en el último año de la carrera de Física, el
curso de ``Introducción a la Física Experimental'', a la que en broma
llamábamos ``albañilería''. Creo que esta materia, apoyada en las
bases de ingeniería que le imprimía Mazari, abrió nuevas perspectivas
a la comunidad de físicos, de una formación tan rígida, hacia las
aplicaciones y la tecnología. Por otro lado, nadie puede imaginarse
a un físico experimental que no tenga que apretar una tuerca, elegir
una bomba de vacío, saber qué se puede hacer con un torno o una fresadora,
etc. Todo eso nos lo enseñó Marcos el ingeniero.
La formación de sus grupos de trabajo, tanto en la UNAM
como en el Centro Nuclear de Salazar, al cual dedicó 15 años de su
vida, siguen el mismo esquema que la formación de su familia, porque
Marcos ha sido un magnífico padre y tiene una hermosa familia a la
que, como a nosotros, ha dado e inculcado respeto, cariño y cooperación,
logrando el trabajo en equipo tan difícil de conseguir.
He tenido el gusto de ver a Marcos chico, el mayor de
sus hijos varones, entonces estudiante de arquitectura, interviniendo
en el diseño de la casa donde vive la familia y que actualmente visitan
ya los nietos con toda asiduidad; a sus hijas, Marisa y Alicia, lijando
y puliendo la madera de los closets y muebles que el mismo Marcos,
ayudado por Mauricio, su otro hijo, había cortado y ensamblado en
su pequeño taller de carpintería, mientras la entonces pequeña Yuyu
detenía la escalera donde Judith, su esposa, trepaba a colgar una
cortina o colocar algún adorno. De la misma manera que nosotros, como
otra gran familia suya, amontonados en un cuarto de 3 x 4 metros,
junto a la consola del viejo Van de Graaff de 2 MeV, trabajábamos,
unos leyendo al microscopio las placas nucleares del último experimento,
otros diseñando los gatos que sostendrían el espectrógrafo toroidal
o alguna rejilla que limitaría el haz, mientras que algún otro, en
medio de aquel ir y venir, trataba de concentrarse en la escritura
de su primer artículo de investigación y Marcos corregía la tesis
del próximo examen profesional.
Ésta es una época que Mazari recuerda con mucho cariño,
pues además, en aquel tiempo comenzaron a reconocer internacionalmente
sus trabajos de espectroscopía nuclear y de mediciones de masas atómicas.
Actualmente, aunque cada uno tiene su propio cubículo y existen cuartos
para los estudiantes, él siempre trata de fomentar esa unión y colaboración
entre la gente que lo rodea.
Marcos ha sido una persona dedicada y perseverante, como
lo muestra su entrega a la investigación tanto en física nuclear básica
como en instrumentación e ingeniería en la especialidad de mécanica
de suelos, dedicación que ha fructificado en una amplia obra escrita.
Sus diversiones y entretenimientos han estado siempre
íntimamente ligados a sus inquietudes profesionales. ¿Cuántas ruinas
arqueológicas, presas, puentes, túneles, instalaciones tecnológicas
en general, habrá recorrido Marcos? Pocas en el país quedarán sin
su visita. De cada una de ellas surge en su mente un problema que
resolver, un aparato que construir o una técnica que desarrollar.
Publicó un trabajo sobre el hundimiento del Templo Mayor en el Centro
Histórico de la Ciudad de México, que tiene importancia no sólo sobre
técnica del problema del subsuelo sino hasta de consecuencias históricas.
Ha estado preocupado siempre por el avance de nuestro país desde todos
los puntos de vista: lo mismo financió personalmente la edición de
un libro que sobre historia del estado de Morelos dejó escrito su
padre, que ayudó a conseguir una escuela para el pueblo de Ocoyoacac,
cercano al Centro Nuclear de Salazar, donde residían muchos de los
empleados más humildes de esa Institución. Actualmente está intensamente
preocupado por los problemas del agua de la Ciudad de México y trata
de concientizar a las autoridades y público en general de los gravísimos
problemas que tienen los acuíferos, siempre tratando de plantear soluciones,
cosa que hace dentro de su labor en El Colegio Nacional.
Es además un hombre caballeroso y estimado por todo el
que lo conoce, cuestión muy obvia en el IFUNAM, donde el personal
a todos los niveles le estima como al que más.
Finalmente, y más que nada, Marcos Mazari es para todos
los que nos consideramos sus alumnos o aquellos que se han acercado
a él en busca de asesoría profesional, un magnífico amigo y compañero.