Marcos Moshinsky: Simetría en la naturaleza

Alejandro Frank Instituto de Ciencias Nucleares, UNAM


Tuve la fortuna de encontrarme con Marcos Moshinsky hace casi exactamente 20 años, cuando asistí a su curso de Mecánica Cuántica en la vieja Facultad de Ciencias de la UNAM. Su fama y su considerable estatura provocaban una fuerte impresión en nosotros, como también nos impresionaba verlo deducir complicadas fórmulas con facilidad y oírlo hablar con soltura de esta poco intuitiva área de la física. En esta época vi su nombre en una convocatoria para hacer tesis de licenciatura en física nuclear. Con cierto nerviosismo fui al décimo piso de la Torre de Ciencias y le pregunté si me aceptaría como su estudiante. Don Marcos me observó en forma detenida e hizo algunas consultas, para luego abrir la puerta a lo que sería la relación académica más importante en mi vida. A esta aventura se unió Octavio Castaños, con quien compartiría por cerca de 4 años las muchas horas de trabajo, las alegrías y las angustias, los éxitos y los fracasos en el camino hacia la obtención del certificado de nacimiento como investigador en la física: el doctorado.

Moshinsky rápidamente nos mostró su secreto para el éxito en la ciencia: Los seminarios de trabajo con él podían durar 5 ó 6 horas consecutivas, podían tener lugar en el Instituto, en su casa o en un cerro en ``La Marquesa'' (denominado ``el seminario de más alto nivel en el mundo''), los sábados y domingos o en el día de año nuevo y, lo más extraordinario, era que él hacía la mayor parte del trabajo, parado frente al pizarrón ejecutando con virtuosismo un concierto matemático lleno de armonía. A nuestras tímidas preguntas, el Maestro invariablemente contestaba con amabilidad y paciencia: ``No, mire usted'' y se lanzaba a un nuevo recital. Poco a poco comprendí que, a diferencia de otros científicos, Marcos posee el don de reducir los problemas a su forma más simple, analizando paso a paso la esencia del fenómeno estudiado. Al enfrentarse a un problema, suele plantear primero uno más sencillo, diseñado para poseer las características esenciales presentes en el caso más complejo. Además de ello, utilizaba con mucha frecuencia argumentos de simetría y las matemáticas de la teoría de grupos. ste fue el principio de mi relación con este hermoso lenguaje de la física que ha sido la base de mis propias investigaciones desde entonces.

La presión de trabajar con Marcos Moshinsky fue siempre indirecta. El daba por sentado que seríamos capaces de terminar el cálculo que había quedado inconcluso, que aprobaríamos los exámenes, que aportaríamos todo nuestro esfuerzo y que compartiríamos su entusiasmo por combatir frente al pizarrón, armados de gis y determinación, los problemas que se presentaban. En aquellos años solía llegar a casa con una capa de gis cubriendo mi cansada humanidad, con cierto temor de que la silicosis le ganara la carrera al doctorado.

En el invierno de 1977, Octavio y yo acompañamos a Marcos y Esperanza a una estancia de cuatro meses en Montreal, Canadá. Ahí corroboré personalmente que Marcos, aparte de su fama en México, gozaba de gran renombre y era muy respetado no sólo por los científicos del Centre de Recherches Mathemátiques, sino también por los de todo el mundo. Ahí me enteré de las numerosas ofertas que recibió (y rechazó) a lo largo de los años para trabajar en el extranjero. Su compromiso con México fue siempre firme. También descubrí que la considerable energía que posee se manifiesta en múltiples formas. Mientras Octavio y yo decidimos conseguir un coche para ahorrarnos la prolongada (y helada) caminata de la casa a la oficina, Marcos caminaba a paso veloz, y muchas veces gozó al vernos con una pala intentando liberar el coche enterrado bajo un metro de nieve caída la noche anterior. En más de una ocasión, tras de una agotadora jornada de trabajo, aparecía en nuestra puerta a las 9 ó 10 de la noche para trabajar un poco más.

En medio de estas aventuras, y a diferencia de otros investigadores, siempre mantuvo una actitud de cordialidad y respeto a sus bisoños discípulos. Por más evidencia de estupidez que nuestras preguntas tuvieran, él las escuchaba y meditaba sobre ellas y, en más de una ocasión, les daba una interpretación diferente que las salvaba de la total insensatez. Esta actitud nos permitía adquirir confianza y arriesgar la expresión de nuestras propias ideas. Sólo recuerdo una vez que me levantó la voz: fue en ocasión de una balacera que se suscitó en las famosas ``islas'' de la explanada universitaria y que yo observaba ensimismado desde la ventana de su oficina. Gritó para que me alejara de la ventana y poco faltó para que me ``tacleara'' con el mejor estilo de futbol americano.

Recuerdo un discurso que pronunció en una cena en ocasión de su sexagésimo aniversario. En éste comparó la interacción con sus estudiantes a una partida de tenis. Al principio, dijo, el estudiante suele no devolver la pelota o hacerlo suavemente a lugares previsibles. Afirmó entonces que uno de sus mayores placeres es el momento en que el ``tenista'' comienza a devolver la pelota fuertemente y a lugares inesperados. Sabía entonces que tenía frente a sí a un verdadero investigador en ciernes. Creo que decidí entonces hacer lo posible por aumentar la velocidad y mejorar la posición de mis ``devoluciones''. Con el tiempo he comprendido el significado de esta analogía y comprobado el gusto de ver a un estudiante madurar como investigador-científico.

Tras obtener el doctorado (lo que me hace suponer que Marcos utiliza gises orgánicos) continué por un tiempo colaborando estrechamente con él. Conocí en esos años a muchos científicos que visitaban nuestro país para trabajar con él e inicié colaboraciones con algunos de ellos, lo que a la larga permitió dar los primeros (aunque modestos) pasos en el escenario internacional. Siempre me animó a dar lo mejor de mí mismo y a seguir mis propias ideas con honestidad y optimismo.

A lo largo de los años y en los diferentes países que he tenido la suerte de visitar gracias a mi trabajo (lo que no deja de sorprenderme), me he podido percatar con orgullo de que el nombre de Moshinsky ha trascendido al investigador y maestro y está ligado en forma permanente a la mejor Ciencia Mexicana e internacional.

Al paso del tiempo, a pesar de que nuestra colaboración en el terreno científico ha disminuido, nuestra amistad ha ido, por fortuna, en aumento y he podido conocer a Marcos Moshinsky en muy diversos terrenos. Me sorprende la constancia y congruencia de su actitud ante la vida. A este respecto, durante el congreso organizado en 1991 con motivo de su septuagésimo aniversario, el Dr. Moyses Nussenzweig, de la Universidad de Río de Janeiro, antiguo colaborador suyo, finalizó su conferencia con una transparencia sobre ``los procesos de la Naturaleza'' que incluían el encorvamiento de la columna y la caída del pelo. Luego habló sobre su ``teoría de constantes conservadas'', descorriendo lentamente la segunda mitad de la mica. Allí estaba una caricatura inconfundible de Marcos.

Hace un año coincidimos en el congreso anual sobre Teoría de Grupos que tuvo lugar en Osaka. Hablé ahí sobre un método para describir reacciones moleculares que he estado desarrollando en colaboración con Renato Lemus y Rubén Santiago. Marcos presidió la sesión y tras de ésta me invitó a discutir con él en México algunas ideas que se le ocurrieron relativas a este trabajo. Poco tiempo después Renato y yo asistimos a su oficina para escucharlas. Me emocionó comprobar que sigue siendo el mismo de siempre. Durante más de una hora nos planteó sus ideas con precisión y claridad, que impresionaron a Renato tanto como siempre me han impresionado a mí. Coincidimos de nuevo en Cuernavaca en ocasión del seminario que impartió en la Escuela de Verano a un grupo de jóvenes estudiantes de física provenientes en su mayoría de universidades de provincia. Con su característica sencillez relató a éstos los orígenes de la física en México y su visión del presente y del futuro de nuestra disciplina, animándolos a trabajar duro por la consolidación de la cultura científica en México. Los estudiantes lo rodearon tras de su plática y conversaron largamente con él. Estoy seguro que para muchos de ellos esta experiencia fue muy significativa.

Marcos Moshinsky ha sido un científico de primera línea y ha publicado cerca de 250 trabajos, incluyendo 4 libros. Ha recibido todos los premios científicos en México e importantes reconocimientos internacionales. Pertenece a 11 academias cientificas y fue Editor fundador de la Revista Mexicana de Física de 1952 a 1967. Ha contribuido en forma fundamental al desarrollo de la física en México y Latinoamérica y ha dirigido a cerca de 40 estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado. Además de estos logros académicos, nunca se aisló de la sociedad en que vive. Desde hace varios años ha manifestado con claridad sus ideas, tanto sobre temas científicos y su impacto social, como sobre asuntos muy generales, a través de innumerables artículos periodísticos. A nivel internacional esta faceta de su actividad también ha sido reconocida. En 1991 recibió, a través del Dr. Vladimir Man'ko, la medalla Sarkharov por su continuo apoyo a los derechos humanos en la Unión Soviética durante los 70's y 80's.

Para finalizar, quisiera transcribir aquí la traducción de una carta que el Prof. John Archibald Wheeler, de la Universidad de Princeton, envió a Marcos en ocasión de su cumpleaños número setenta:


``Querido Marcos:

šLlegaste a los setenta? ­No puedo creerlo! O, como exclamó la Sra. de Niels Bohr cuando se enteró que Robert Frisch estaba por retirarse, ``No puedo entenderlo. Todos los jóvenes que conozco se están retirando''.

Tú, estoy seguro, no te estás retirando ni lo harás jamás. Tienes demasiado impulso creativo, demasiado sentido de la responsabilidad, demasiado amor por nuestra maravillosa disciplina.

Quiero agradecerte especialmete tres cosas. Has hecho que la Teoría de Grupos tenga impacto en casi todas las ramas de la física. Has educado a tres generaciones de científicos en ese gran país por el que he mantenido especial afecto a lo largo de mi vida. Y por último, pero no menos importante, has alcanzado un gran lugar muy especial en los corazones de tus antiguos colegas de Princeton, incluyendo a Eugene Wigner y a mí''.


Marcos suele impartir una conferencia que lleva por título ``Simetría en la Naturaleza'', donde ilustra las ideas principales de la simetría a través de ejemplos tomados del arte. Me parece que él mismo, su obra y el legado de su vida dedicada a la ciencia, encarnan mejor que nadie la simetría, el balance y la armonía a que aspiramos todos. Su ejemplo es una inspiración para sus muchos alumnos, colegas y amigos.