La enseñanza de la ciencia*

    Annie Pardo

    Facultad de Ciencias, UNAM

Cuando Juan Manuel me invitó hace algunos meses a participar en una mesa redonda sobre la enseñanza de las ciencias, le dije que sí, sin tener claro qué podía decir al respecto. Además, como me invitó cuando estaba haciendo mi informe de evaluación número dos, de cinco que tenía pendientes, sin contar que iba tener que justificarle al CONACyT que trabajamos en un posgrado de excelencia, pues no me preocupé demasiado. Conforme se iba acercando la hora empecé a preguntarme de qué iba a hablar, me comuniqué con Juan Manuel para que me sacara de dudas y me dijo: ``Mira, sería bueno que hablaras no sólo de enseñanza, sino probablemente, y mejor, de educación''. Yo me quedé muda, y sin confesarle que no sabía exactamente la diferencia entre ambas me fui al diccionario de la Real Academia donde me encontré con las siguientes definiciones: Enseñanza: Acción o efecto de enseñar, lo cual significa: Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas y preceptos. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirve de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo. Por otro lado, Educación: Acción y efecto de educar. Dirigir, encaminar, doctrinar. Desarrollar, perfeccionar las facultades intelectuales y morales por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.

        Aparte de que tanto la enseñanza como la educación doctrinan, la diferencia entre ambas, según entendí, es que la enseñanza se ocupa de la instrucción con todo y escarmiento, mientras que la educación se ocupa además, entre otras, de desarrollar facultades intelectuales.

        El tema es obviamente muy amplio y pienso que nuestra labor como profesores tiene que ver con ambas, enseñanza y educación. La visión que yo trataré con ustedes está desde luego sesgada por el área propia de mi experiencia. Así pues, quisiera reflexionar sobre algunos de los aspectos que mejor conozco, relacionados con la biología de las moléculas y las células.

        Ésta será seguramente una intervención que tenga más preguntas que respuestas y muchas de ellas estarán desordenadas, entonces siguiendo el estilo de algunos cursos que tocan unos puntos por acá y otros por allá la llamaré ``Tópicos Selectos sobre Enseñanza''. Bueno..., entrando en materia quisiera abordar el tema desde dos puntos de vista: el de la educación tutorial y el de la educación de aula.

        En nuestro sistema educativo, y en el caso de la biología experimental, me refiero a educación tutorial como aquella que se imparte durante las direcciones de tesis, ya sea de licenciatura o posgrado y que abarca el periodo de desarrollo de experimentación correspondiente. En estos casos el estudiante pasa la mayor parte del tiempo en el laboratorio, expuesto no sólo al análisis de los resultados en los seminarios del grupo de trabajo, sino en continua convivencia con los miembros del laboratorio y con su tutor o tutora.

        El propósito del esquema tutorial es claramente educativo. Es un proceso en el cual en general no sólo se trata de impartir información de hechos que forman parte del conocimiento establecido, o de una intrucción en alguna técnica particular, sino que se trata de un proceso dinámico, en el que debería existir un diálogo diseñado para promover, ejercitar e incrementar las habilidades intelectuales del estudiante. En este proceso de formación, en la medida que un estudiante progresa, así también va cambiando el tipo de asesoría que necesita y el grado y carácter de dificultad de los retos a los que tiene que responder, tanto el estudiante como el tutor.

        Así, el estudiante en la enseñanza tutorial aprende las reglas, trucos y habilidades de su profesor, en una secuencia progresiva cuyo ir, de menos a más, dependerá obviamente de las habilidades del estudiante en cuestión.

        En este marco educativo, un buen tutor debería saber estimular al alumno para que genere sus propias ideas. Asimismo, un buen tutor estará ansioso de fortalecer las capacidades del estudiante y de ayudarle a obtener un grado tan bueno como sea capaz. Sin embargo, se debe tener cuidado y evitar las actitudes paternalistas, entendido esto como una atención o vigilancia excesivas que se pueden transformar fácilmente en contraproducentes, en el sentido de que inhiben el desarrollo y tienden a provocar una dependencia intelectual poco deseable. Finalmente, un buen tutor debería no sólo aceptar sino promover que los estudiantes superen al maestro.

        Si pensamos que algunos de los conceptos señalados anteriormente son válidos, valdría la pena reflexionar si cumplimos con estas características en nuestro ejercicio de la educación tutorial, o si por el contrario, somos como algunos colegas que aunque tienen estudiantes a su cargo, en la práctica no son profesores, a lo más, podrían considerarse contratistas a destajo de trabajadores manuales e intelectuales.

        Quisiera ahora tratar de hacer algunas reflexiones sobre la enseñanza en el aula. Así como en la enseñanza tutorial los objetivos que se persiguen y las formas de alcanzarlos parecen más obvios, en el aula la situación no parece tan sencilla; sobre todo porque nos enfrentamos en general a programas más largos del tiempo que disponemos para desarrollarlos, porque nos enfrentamos a que los libros actualizados que pueden ser leídos con placer y admiración son caros y están en otro idioma, y porque las revistas científicas que describen lo que está sucediendo en la ciencia en estos momentos, están escritos en un idioma que no es el nuestro. Todo esto, de inicio, hace que la mayor parte de los estudiantes en la licenciatura, quienes no saben leer de manera completa y fluida el inglés, sientan que son analfabetas en sus primeros encuentros formales con la ciencia escrita. En muchas ocasiones he intentado experimentar diferentes formas de enseñar biología celular o bioquímica. Sin embargo, de todas estas formas, no he logrado concluir cuál es la buena. ¿En qué debo poner el énfasis de lo que debo enseñarles a los alumnos?, ¿en los conceptos?, ¿en enseñarles a razonar de una manera determinada?, ¿debo poner el énfasis en enseñarles a hacer preguntas para que parezcan estudiantes de investigación biomédica básica?, ¿a saber lo que se sabe?, ¿a que tengan conciencia de lo que no se sabe? ¿qué esperamos que los estudiantes hayan obtenido de nuestros cursos?

        Medawer, un notable científico en el área de inmunología y brillante escritor sobre la ciencia, considera a la ciencia, en su sentido más amplio, como todas aquellas actividades exploratorias cuyo próposito es llegar a un mejor entendimiento del mundo.

        ¿Cómo comunicar y motivar a los alumnos en el aula acerca de esta actividad exploratoria? Por ejemplo, en la entrada del aula donde imparto bioquímica a alguien se le ocurrió colgar un póster que incluye todas las vías metabólicas. Cuando los alumnos empiezan el curso, además de que ese mapa los induce a querer ser botánicos y no bioquímicos, al introducirlos conforme avanza el curso en el conocimiento y entendimiento del metabolismo, debería enfatizarse que toda esta información que parece apabullante, definitiva y final, es apenas una parte del entendimiento del mundo natural. En este contexto, es necesario recalcar que todavía hay muchos descubrimientos por hacer, que a ellos les toca parte de esta tarea, y que es mucho más lo que ignoramos que lo que sabemos. Es importante que el alumno entienda esto, porque si no, pensará que no le queda nada por hacer en esta disciplina donde ya se sabe todo, y que mejor se dedica a investigar el caso Colosio, que desde luego dará para varios siglos más.

        Así pues, deberíamos poder lograr en nuestros cursos esta compleja combinación de objetivos. Por un lado enseñarle al alumno lo que corresponde al conocimiento aceptado, simultáneamente, comentar con ellos la forma en la cual esos conocimientos fueron descubiertos y validados, y por otro lado, y no menos importante, fomentarles el deseo de la búsqueda del conocimiento nuevo.

        Adicionalmente, para introducir al alumno en las actividades exploratorias, es necesario promover y estimular el desarrollo de una mente inquisitiva y crítica. Este es un punto muy importante, pero, ¿cómo impulsar el desarrollo de una mente crítica en un medio que castiga la actitud crítica?, ¿cómo se desarrolla esta base del pensamiento exploratorio, en un medio en el cual la crítica es vista como una actitud negativa, aún en la Universidad y por parte de los propios científicos?. ¿O acaso les decimos que la actitud crítica es sólo para analizar artículos de investigación y diseños experimentales, pero que en los otros ámbitos de la existencia del investigador o del alumno deberían ser como diputados del PRI?

        En este sentido, es importante enseñar al alumno que la actitud crítica es una actitud general ante la vida, y que ésta es fundamental para el avance del hombre en todos sus ámbitos, incluyendo por supuesto el de la ciencia.

        En la enseñanza de las ciencias deberíamos poder explicarles a nuestros alumnos que no se requiere una gran inteligencia para ser científico. Se requiere perseverancia, disciplina, lectura, no darse por vencido ante el fracaso de los experimentos y no avergonzarse ante la idea de que una vieja y querida hipótesis es en gran medida equivocada.

        Quisiera terminar diciendo, en especial para aquellos que miran a las actividades educativas con desdén, que en mi experiencia, la mejor manera de aprender es enseñando. Por último quisiera agradecer a Juan Manuel la invitación por haberme obligado a la reflexión sobre este tema.


*Participación en la mesa redonda del mismo nombre presentada el 18 de octubre de 1996 en el X1 Encuentro Nacionalde de Divulgación Científica, durante el XXXIX Congreso Nacional de Física