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Génesis
D. Dultzin, A. Lazcano y D. Tabachnik

Del ciclo de `Mesas Elípticas'' organizadas por el grupo ``Pandora1'' en 1990 en la Facultad de Ciencias de la UNAM, presentamos en esta ocasión la mesa ``Génesis'' ,en la que participaron la doctora Deborah Dultzin, el biólogo Antonio Lazcano y el rabino David Tabachnik.





D. Dultzin

Yo voy a hablar de cosmología, de lo que los astrónomos y los físicos pensamos del origen del Universo, y voy a empezar por este siglo. La cosmología moderna, que es la ciencia que estudia el origen del Universo y su evolución, nace con Einstein y la relatividad general alrededor de 1917. En el marco de la teoría de la relatividad general, que es una teoría de la gravitación, Einstein propone el primer modelo del Universo. Dicho modelo tiene dos características fundamentales: es homogéneo, es decir, que a gran escala la distribución de la materia y de la energía es igual en todos los puntos del Universo, y es isótropo, es decir, que a gran escala nuevamente, se ve igual en todas direcciones. Cuando insisto en lo de gran escala es porque a escala pequeña (la Tierra y el Sistema Solar e incluso las galaxias) no se ve igual en todas direcciones; pero a gran escala, a escalas de cúmulos de galaxias, sí se tiene que ver igual en todos lados. Y ese primer modelo que propuso Einstein era de un Universo estático, es decir, que no cambiaba con el tiempo.

      Muy poco tiempo después, en 1922, dos personas, más o menos simultánea e independientemente, un físico ruso llamado Friedman y un abad belga, Lemaitre, se dieron cuenta que este modelo propuesto por Einstein tenía un error -nadie es infalible-; y el error es básicamente que el Universo, el espacio-tiempo, no puede ser estático, es inestable ante cualquier pequeña fluctuación y, por lo tanto, tiene que expanderse, o contraerse. Ya mucho tiempo atrás Newton se había dado cuenta que el Universo, debido a la fuerza de la gravitación, debería de contraerse sobre sí mismo, y esto era una paradoja; sobre todo si se pensaba que el Universo fuese infinito. Einstein introdujo, un poco artificialmente en sus ecuaciones, un término conocido como ``Lambda'' (la ``constante cosmológica'') para contrarrestar -digamos- la fuerza de gravitación de todo el Universo sobre sí mismo. Muy poco tiempo después, en 1930, un astrónomo americano llamado Edwin Hubble, quien había hecho de todo antes, desde boxeador hasta abogado, descubrió observacionalmente que efectivamente todas las galaxias y los cúmulos de galaxias se alejan de nosotros. Esto no quiere decir que seamos algo así como el ombligo del Universo, lo que sucede es que el espacio-tiempo en que vivimos es un espacio de cuatro dimensiones, es curvo, y de esta manera, para que todo se aleje de nosotros no es necesario que estemos en el centro; desde cualquier punto que nos pusiéramos veríamos igual que todo se aleja de nosotros. La analogía típica es que si ustedes le ponen puntitos a un globo desinflado, y luego inflan el globo, para unos seres bidimensionales, o sea en la superficie del globo, y desde cualquier puntito que se pongan los otros se expanden. La analogía se puede hacer tridimensional porque si meten un pastel con pasitas al horno, cuando el pastel se infla, todas las pasitas se alejan unas de otras y no hay centro, o sea que tampoco es tan enigmático.

      Edwin Hubble fue un científico fuera de serie. Ya a principios de siglo había logrado dilucidar la naturaleza de las llamadas ``nebulosas espirales'', que hasta entonces se creía que eran nubes de gas en nuestra galaxia. Hubble logró determinar la distancia a la nebulosa de Andrómeda, que resultó ser de ¡dos millones de años luz! Y Andrómeda es la nebulosa espiral más cercana a nosotros. Así Hubble determinó la existencia de otras galaxias: inmensos conglomerados autogravitantes que contienen, como la Vía Láctea (nuestra galaxia), cientos de miles de millones de estrellas, gas y polvo. Hubble descubrió, ni más ni menos, las dimensiones del Universo. Nunca recibió el premio Nobel. Pero además, Hubble hizo otro gran descubrimiento: que la velocidad con la que se alejan las galaxias unas de otras debida a la expansión del espacio, llamada ``velocidad de recesión'', es directamente proporcional a la distancia a la que se encuentra (de nosotros) cada galaxia. Este hecho se conoce como la ``ley de Hubble''. Los astrónomos podemos medir velocidad de recesión de una galaxia directamente del corrimiento en frecuencia de las líneas espectrales, y así determinar su distancia. De esta manera se descubrieron los objetos más distantes del universo: los cuasares, que se alejan de nosotros con velocidades cercanas a la de la luz y se encuentran a miles y cientos de miles de millones de años luz de distancia.

      Aquí aparece un concepto muy importante: si el Universo está en expansión y podemos calcular sus dimensiones, por lo menos las dimensiones del Universo visible ``desde aquí''. También podemos, en principio, irnos para atrás en el tiempo y calcular cuándo empezó esa expansión. Claro que para ello, suponemos que la velocidad de expansión observada ahora, fue la misma siempre. Ésta es una primera aproximación al problema. Dentro de este modelo, se calcula que la expansión empezó hace 15 mil millones de años. El abad Lemaitre, por otro lado, ya había propuesto que el Universo nace de un ``átomo primordial'' El punto crucial, es que aparece un principio, un inicio, del tiempo y del espacio, del Universo. Hay que decir aquí, que esta idea fue muy satisfactoria para la Iglesia Católica, y el Vaticano auspició varias reuniones de cosmología en los años cuarentas y cincuentas.

      Un poco más adelante, en 1946, vino la famosa teoría de la ``Gran Explosión''. Teoría, debida básicamente al astrónomo norteamericano de origen ruso George Gamow, según la cual no sólo hubo un principio (el principio de la expansión). En ese principio podemos hablar de un ``punto'' con densidad infinita en la que estaban concentrados toda la materia, la energía y el espacio. Ese ``punto'' recibe el nombre de ``singularidad'', y detrás de esta palabra, lo único que se esconde es nuestra ignorancia supina al respecto. Gamow propuso, además, que en la singularidad la temperatura era infinita; En esas condiciones, en t = 0, se produce una gran explosión, la singularidad empieza a expanderse. Aquí cabe aclarar que no estamos en el marco de la física de Newton, donde el espacio es una especie de escenario donde transcurren las cosas. La materia no se expande en un espacio pre-existente. El espacio mismo ``nace'' y empieza a expanderse y también nace el tiempo que empieza a transcurrir. La pregunta ``¿qué había antes?'', carece de sentido puesto que no había tiempo; regresaremos sobre este delicado punto más adelante. Un instante después de la Gran Explosión, al principio, había sólo radiación.

      En los últimos años esta idea básica se ha nutrido de varias adiciones y refinamientos de la física y la cosmología modernas, pero hay algo que no ha cambiado, algo en lo que yo le decía hace rato al rabino que el Génesis sí tiene razón: al principio fue la luz. No sé qué longitud de onda, todas, supongo ¡pero eso sí! al principio fue la luz. Lo único que había era luz, radiación, era un Universo dominado por la radiación; hoy en día vivimos en un Universo dominado por la materia. Al expanderse el espacio con todo y la radiación, la temperatura disminuye y hay toda una teoría de la evolución del Universo dentro de este esquema de la Gran Explosión. Al disminuir la temperatura, hay un momento en el que se empiezan a formar las primeras partículas masivas, esas partículas masivas están en equilibrio con la radiación; pero al continuar bajando la temperatura, se rompe el equilibrio: la radiación y la materia se separan, se ``desacoplan'', y cada forma de energía, partículas masivas y fotones, sigue su camino evolutivo diferente. Durante todo el tiempo en que había equilibrio entre materia y radiación el Universo era opaco, no era transparente; un gas ionizado es opaco porque absorbe luz, el ejemplo más cercano son las llamas. No se puede ver a través de las llamas. Así que aunque tuviéramos toda la tecnología del mundo, no podríamos ver nada de lo que pasó antes de que se desacoplaran la radiación y la materia.

      Se calcula que aproximadamente medio millón de años después de empezada la Gran Explosión se desacoplan la materia y la energía. Esta teoría es muy aceptada por una razón: una predicción de ella es que debe quedar una especie de ``huella'' del momento en que se desacoplan la materia y la energía. Esta huella ha sido descubierta recientemente. Es la llamada ``radiación de fondo'' o ``radiación primordial''. La temperatura del Universo sigue disminuyendo siempre. Hoy la temperatura es de 300 grados absolutos, 300 grados Kelvin, pero en el momento en que se desacoplaron la materia y la energía, la temperatura era del orden de 4000 grados Kelvin; la temperatura de ¡todo el Universo!, porque un momento antes de que se desacoplen, todo el Universo está en equilibrio. (Para aquellos que sean físicos o estudiantes de física, todo el Universo radiaba como cuerpo negro). La radiación correspondiente a la temperatura de equilibrio no puede desaparecer después del desacoplamiento, la teoría predice que debe permear todo el Universo. Se calcula que para hoy esa radiación que quedó debe tener una temperatura de 3 grados Kelvin. El descubrimiento de la radiación de 3 grados Kelvin, hecho por Penzias y Wilson en 1965 y que les valió el Premio Nobel en 1978, fue una confirmación muy fuerte de esta teoría del Big-Bang, o de la Gran Explosión. Recientemente, el satélite COBE (acrónimo del inglés: Cosmic Background Explorer, o explorador de la radiación cósmica de fondo), ha confirmado, con mediciones sumamente precisas, la homogeneidad e isotropía espacial de la radiación de fondo.

      Me voy acercando al final de lo que les puedo decir, por eso quisiera regresar a esta cuestión de la singularidad. A la pregunta: ¿entonces hubo un principio?, un principio del tiempo, un principio del Universo, ¿entonces el Universo no es eterno? Aquí, los físicos, tienen una respuesta para darle la vuelta a este asunto: en la naturaleza hay tres constantes fundamentales, la constante de la gravitación de Newton; la velocidad de la luz y la constante de Planck. Con base en estas tres constantes fundamentales de la naturaleza, uno puede construir tres unidades fundamentales de la naturaleza: una de longitud, una de tiempo y una de masa. La de tiempo es 10-44 segundos, eso quiere decir: punto, cero, cero, cero, cero... así hasta 43 ceros, luego un uno, segundos. Por debajo de ese tiempo, ninguna ley de la física, ni las de la física cuántica, se aplican. Así que por debajo de ese tiempo, que se llama ``el tiempo de Planck'', los físicos no decimos nada, no sabemos nada, no es asunto nuestro, no nos incumbe, ¡para eso están los filósofos, para eso está el rabino!

      Por último quiero tocar el punto de que el Universo se puede crear de la nada (ex-nihilo) sin violar las leyes de la física. Esto es posible, siempre y cuando se cumplan tres condiciones: que se conserve la carga eléctrica, que se conserve la energía total, y que haya un exceso, pequeño, de materia sobre antimateria. Sucede que estas tres cosas se cumplen. La carga eléctrica del Universo es cero, o sea existe el mismo número de protones que de electrones, no hay ningún problema. Respecto de la energía total, parece ser que se da la casualidad, de que las energías de la materia y la radiación son de la misma magnitud, entonces, pues, se cancelan; y si la energía total es cero, se conserva y no hay ningún problema. Respecto del pequeño exceso de materia sobre antimateria, y para aquellos de ustedes que no sean físicos, déjenme decirles qué quiero decir con esto de materia y antimateria: nuestro Universo está hecho de materia, de energía y de materia. ¿Qué quiero decir? Bueno, a un nivel de átomos y partículas subatómicas, de electrones, de protones, de quarks (todos ustedes han oído hablar de eso) la materia tiene ciertas propiedades; vamos a pensar en un electrón: tiene masa, tiene espín, tiene carga eléctrica, tiene muchas otras cosas. Sucede que existen partículas idénticas, en todas sus propiedades, particularmente la masa, pero con carga eléctrica opuesta; en el caso del electrón sería el positrón, que es idéntico, pero con carga positiva. Y en el caso de las partículas neutras, como los neutrinos o los neutrones, tienen otras propiedades distintas, pero por lo demás son indistinguibles. Ésta sería la antimateria. Hasta donde se sabe, en nuestro Universo no hay antimateria, claro que es imposible distinguir de la luz, que finalmente es lo único que vemos, una galaxia de una antigalaxia, los átomos y los antiátomos emiten igual, entonces la luz no se puede distinguir. Aquí en la Tierra, pues, sabemos que existe la antimateria porque se crea en el laboratorio, en los aceleradores de partículas. Ahora, de todas maneras, sucede que la materia y la antimateria tienen una propiedad muy interesante: cuando una partícula encuentra su antipartícula y se tocan físicamente, se aniquilan inmediatamente y se convierten en energía, en fotones. Y a muy altas energías puede suceder lo contrario: dos fotones pueden interaccionar a muy alta energía para dar lugar a un par, al nacimiento de un par de partícula, que es lo que se hace en los aceleradores. Por ello no podemos pensar en tener ``conviviendo'' materia y antimateria que se toquen; por ejemplo en una misma galaxia. Pero podríamos pensar en dos galaxias diferentes hechas de materia y de antimateria, total, no se tocan. El problema es que cuando el Universo estuvo todo concentrado en un punto, todo estuvo en contacto, entonces ahí vemos que no pueden coexistir la materia y la antimateria, o en todo caso se aniquilan. Cosa que sucedió efectivamente en un momento dado, pero tiene que quedar un pequeño excedente de materia que se expande y que es el que da lugar a nuestro Universo.

      En la parte final de mi intervención, de lo que quiero hablar es de las nuevas teorías de cosmología, básicamente la teoría de la inflación. Ésta es una teoría que está muy de moda (no sólo en cosmología). Esta teoría, entre otras cosas, tiene la virtud de predecir un exceso de materia sobre la antimateria. Tiene la virtud de explicar la homogeneidad del Universo, es decir, tiene la virtud de explicar por qué algo que está a casi 15 000 millones de años luz, es decir, en el borde del Universo, es idéntico a lo que está en el otro extremo, cuando en realidad no ha dado tiempo para que esos dos puntos se comuniquen y se pongan en contacto. Porque la luz tendría que viajar el doble, estoy hablando de radio no de diámetro. Entonces, ¿por qué el Universo es igual en una punta que en la otra, si no están en contacto? La inflación explica esto. Predice el hecho de lo que los cosmólogos llaman que la densidad del Universo sea igual a la crítica; es decir, uno se puede preguntar: bueno, la expansión ¿va a durar siempre? o ¿va a llegar un momento en que la expansión se detiene y se invierte? Bueno, eso depende de cuánta masa hay en el Universo; es muy difícil medir la masa del Universo, pero, de lo que parece, hay la masa exacta, como para que la expansión siga para siempre. Tener las condiciones iniciales para que la densidad crítica sea de un valor así tan específico es muy difícil; como muy artificial. Esta teoría de la inflación predice esta condición y predice, además, que no haya monopolos, lo cual también es una ventaja, porque no hay monopolos magnéticos.

      ¿De dónde sale esta teoría? Esta teoría tiene su origen en el desarrollo de la física de las partículas elementales. En el Universo hay cuatro grandes fuerzas: la gravitación, la fuerza electromagnética, la llamada fuerza nuclear o fuerte y la llamada fuerza débil. Cada una domina en un cierto rango de dimensiones. A escala del Universo domina por lejos la gravedad, a escala de los átomos, la eléctrica, a escala del núcleo de los átomos, la fuerza nuclear. En los núcleos atómicos hay protones y neutrones, que son partículas positivas y neutras. Cabe la pregunta: ¿porqué no se repelen?, porque a esas escalas, domina la fuerza nuclear sobre la electromagnética. En 1979 los físicos Wymberg y Salam, recibieron el Premio Nobel por haber formulado una teoría, mediante la cual se pueden unificar en una sola interacción las fuerzas electromagnéticas y la fuerza débil. El gran sueño de los físicos es unificar todas las fuerzas. Por lo pronto, la electrodébil, o sea la electromagnética, la débil con la fuerte. Seguramente la gravitacional va a ser lo último (si es que va a ser). El problema es que para unificar las fuerzas se requieren cada vez mayores energías. Las partículas que median las interacciones electromagnéticas son los fotones, las partículas que median las interacciones electrodébiles son unas partículas raras que se llaman z y w y para producirlas se requieren energías altísimas. Sin embargo, se ha logrado obtener, generar, crear estas partículas en el laboratorio. Para producir en las interacciones electrodébiles-fuertes, lo que se llama en inglés Great Unification Theories, se necesitan energías altísimas que hay quien afirma que nunca se van a obtener en el laboratorio.

      Lo relevante aquí es que la predicción de la Teoría de la Gran Unificación, es que ``al principio'', antes de la expansión como la conocemos ahora -vamos a decirlo así- el Universo pasó por una fase en que la expansión fue diferente, fue rapidísima, fue exponencial -si eso les dice algo-. El Universo se expandió muchísimo más rápido de lo que se expande ahora, y eso, de alguna manera, borra toda memoria de las condiciones iniciales, o sea es otra manera de darle la vuelta a la pregunta sobre el principio, y también permite pensar que hay algo que puede ser eterno y que lo que en realidad se empezó a expander es un ``pedacito'' de ese algo, que es nuestro Universo, nuestro Universo tal y como lo vemos tiene un principio, el principio de la expansión, pero hay algo que sí es eterno, algo así como el campo de Higgs. ¿Sera el campo de Higgs, Dios?





A. Lazcano


Cuando yo entré a la Facultad, había tres problemas que me atraían mucho: el origen del Universo, el origen del hombre y el origen de la vida. Bastaba ver a los cosmólogos para darse cuenta que el problema del origen del Universo no me iba a llevar por el mejor de los caminos posibles. Respecto al estudio del origen del hombre, es cierto que en la Facultad había muchos fósiles, pero en realidad la mayoría se encuentra en otras partes, en el Africa. Así, un poco por default, dije me voy por el problema del origen de la vida, que después de todo no me va a perturbar tanto emocionalmente como el problema del origen del Universo, en donde es perfectamente claro que uno necesita una visión y una capacidad para percibir lo que es el espacio y el tiempo que sean muy claras. Yo, que he sido medio disléxico, no tenía muchas posibilidades de irme por ese sentido. El origen de la vida era una buena opción y, andando el tiempo, me di cuenta que había caído en una trampa, porque hablamos del origen de la vida y quienes trabajamos con sistemas biológicos, sean bacterias o seres humanos, siempre le tememos a la pregunta inevitable, la de la definición de qué es lo que es vivo.

      Los cosmólogos la tienen más fácil. Fíjense en Deborah Dultzin. En primer lugar, tiene a un rabino a su derecha, y en segundo lugar, toma un punto donde de repente arranca el Universo y se va para atrás lo más que puede. Quienes trabajamos en origen de la vida tenemos una línea de tiempo y tenemos que marcar un punto antes del cual no había nada vivo y después del cual hay algo con una serie de características que nos permiten definirlo o, cuando menos, reconocerlo en términos intuitivos como si estuviera vivo, pero los términos intuitivos para saber si algo está vivo o no, pueden fallarnos por ser muy relativos.

      Cuando uno comienza a hablar de la evolución de la vida, de las galaxias, de las lenguas, etc., lo primero que salta a la vista es que vivimos en un Universo que aparentemente tuvo un origen, que está cambiando y que, hasta donde sabemos, probablemente tendrá un fin. Las preguntas que esto nos plantea ciertamente van más allá de lo que los cosmólogos pueden reclamar como un terreno intelectual exclusivo y excluyente. Uno se puede preguntar ¿y qué tal si estuviéramos en un tipo diferente de Universo? Y en plan de liberar la imaginación, ¿qué tal si viviéramos en un Universo donde las tres constantes físicas básicas que Deborah ha mencionado y que forman el sostén de su vida emocional, intelectual y científica de repente fueran diferentes? (-¡No estarías aquí!- interrumpe Deborah).

      Por ejemplo, y entonces no tendríamos que hacer estas mesas redondas. Entonces, la pregunta es, ¿qué pasaría en esos otros universos posibles?, ¿también cambiarían?, ¿también podría surgir la vida?, ¿se tardaría más en surgir?, ¿no habría vida?, ¿no habría Universo como tal? En fin, son cuestiones que yo creo que realmente trascienden con mucho el terreno de la ciencia; no necesariamente para caer en manos de rabinos o curas, pero yo creo que ciertamente nos permiten ver las limitaciones del conocimiento científico tal como lo tenemos en este momento.

      Pero volvamos al punto anterior. Vivimos en un Universo donde muchas cosas se han originado, por ejemplo el mismo Universo, las galaxias, el planeta, la vida, los primates, el lenguaje, las sociedades; pero cada una de estas cosas se ha originado con mecanismos diferentes. Yo creo que no tenemos una gran teoría sobre los génesis que nos explique el origen de la vida en los mismos términos en los que nos puede explicar el origen del lenguaje, por ejemplo, o el origen de una especie nueva en biología, ciertamente recurre a mecanismos que son muy diferentes al problema del origen del Universo, a menos que uno quiera hablar de selección natural de universos, pero como éstos no se reproducen...

      Cuando uno alude, dentro de toda esta larga serie de orígenes, al origen de la vida en particular, yo creo que cuesta mucho trabajo decir qué son los seres vivos más allá de decir tienen metabolismo, se pueden reproducir, tienen un orden (la cabeza la tiene uno en un lugar, el hígado en otro, las manos en otro, las piernas en otro lugar), las reacciones bioquímicas que caracterizan a los metabolismos ocurren secuencialmente en el tiempo y en el espacio (no podemos tener respiración, por ejemplo, si no hubo previamente fermentación), y eso quiere decir que los seres vivos somos extraordinariamente ordenados espacial y temporalmente. Fíjense que no somos los únicos sistemas en el Universo que estamos ordenados espacial y temporalmente: un diamante o una galaxia tienen un orden espacial y tienen un orden temporal, pero la naturaleza del orden que tiene un cristal es completamente diferente a la naturaleza del orden que nosotros vemos en un ser vivo. En un cristal nosotros no necesitamos mantener este flujo constante de materia y energía que es indispensable para tener un ser vivo. Y podemos pensar en experimentos muy rápidamente: si yo tomo un diamante y lo pongo adentro de un termo, cierro mi termo, al cabo de cuatro semanas el diamante va a estar intacto; si yo tomo un niño y lo pongo adentro de un termo, al cabo de cuatro semanas la entropía ya aumentó enormemente y ya me quedé sin el niño. ¿Porqué? Bueno, porque lo único que pasó allí fue que yo mantuve a ese sistema, que tenía un orden espacial y temporal, lejos de las posibilidades de intercambio de materia y de energía. Y el orden que tenemos los seres vivos es, además, un orden que está lejos del equilibrio termodinámico. Nosotros solemos asociar, por razones históricas, la palabra orden a la palabra equilibrio. (Piensen, por ejemplo, en el lema de la Preparatoria: ``Amor, orden y progreso''). Pero, en términos de un ser vivo, lo que es claro es que nosotros estamos alejados termodinámicamente de un estado de equilibrio. Basta tocarnos, por ejemplo, la mejilla -que es el experimento más simple que puede uno pensar en este momento- para darnos cuenta que estamos con una temperatura mayor del ambiente que nos está rodeando; no estamos en equilibrio con el ambiente. Todos estamos en una situación de desequilibrio, es decir, que los seres vivos estamos ordenados, pero lejos del equilibrio; necesitamos intercambiar materia y energía con el medio, pero no cualquier materia y cualquier energía. De manera que una definición posible podría afirmar que los seres vivos estamos desequilibrados, somos ordenados y somos abiertos, pero no promiscuos, porque entra una gran cantidad de materia y energía, pero tenemos membranas que selectivamente nos permiten que ciertas cosas entren y otras no.

      Cuando uno se pregunta cómo surgieron los primeros seres vivos, la referencia a Oparin es inevitable. Como ustedes saben, él propuso, en 1922, una teoría que chocaba mucho con las ideas prevalecientes en la época. Según Oparin, los primeros seres vivos no eran como las plantas, no eran autótrofos, no sintetizaban sus propios alimentos, sino que eran heterótrofos, eran organismos que se nutrían de los compuestos orgánicos disueltos a su alrededor. Es verdaderamente notable no sólo la visión que tuvo Oparin para proponer esa explicación de la naturaleza en los primeros seres vivos, sino que también el apoyo que recibió de su maestro A.N. Bakh, el fundador de la bioquímica soviética, que era una persona que sostenía, por el contrario, que los primeros organismos eran autótrofos. Y quiero que reflexionen en que no hay muchos ejemplos de maestros capaces de estimular a los alumnos que tengan ideas radicalmente diferentes a las nuestras; generalmente lo que hacemos es los reprobamos o les quitamos las becas. Pero en el caso de Bakh y Oparin esto no ocurrió. Él lo empujó mucho, Oparin propuso su teoría, todo mundo se rio de él, él volvió a proponer su teoría, todo mundo se volvió a reir de él, y en 1938 su teoría, por una situación más o menos azarosa, traducida al inglés fue conocida en Occidente, y no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando las ideas de Oparin fueron sometidas a un examen muy estricto de naturaleza experimental, simulando el tipo de atmósfera que había en la tierra primitiva, donde no había oxígeno, y se logró sintetizar una serie de compuestos, con lo cual se tenía un apoyo muy fuerte para la idea de que los primeros organismos habían sido bacterias heterótrofas. ¿Por qué? Porque si son heterótrofas tienen que comerse lo que está a su alrededor, y si lo que está a su alrededor está en presencia del oxígeno, el oxígeno oxida los compuestos orgánicos (nosotros mismos nos estamos oxidando permanentemente; algunos más que otros, por supuesto) pero vivimos en un estado de lucha constante contra el oxígeno. Y, evidentemente, si se forman y acumulan compuestos orgánicos en condiciones de tierra primitiva, ello requiere de la ausencia de oxígeno, y ésa era una de las premisas que Oparin sostenía. De manera que a partir de los años cincuenta, la idea de que los primeros seres vivos son bacterias heterótrofas anaeróbicas es una idea que empieza a dominar verdaderamente. Cuando uno ve la ubicuidad de las bacterias -no sé cómo se diga entre los judíos, pero entre los católicos siempre se dice que Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar- y observa que las bacterias hacen exactamente eso, las bacterias están en el cielo, porque están flotando aquí en el ambiente, las bacterias están sobre nuestras manos, están en nuestros intestinos, están en el suelo, se ve que ellas sí poseen el don de la ubicuidad, que, hasta donde yo recuerde, en México solamente lo había tenido antes San Felipe de Jesús, que se murió en Japón (-¡tú no sabes esas cosas!- dirigiéndose a Deborah) que se murió en Japón, crucificado víctima de los herejes.

      El don de la ubicuidad que tienen las bacterias se extiende en el tiempo. Nosotros, si vemos las rocas sedimentarias, podemos empezar a ver fósiles de bacterias, que se empiezan a hacer menos abundantes cuando nos vamos a las rocas más viejas; pero, aun así, en rocas de 3500 millones de años de edad, que están en Australia, vemos, claramente identificables, células de bacterias en pleno proceso de bipartición: las bacterias estaban disfrutando de un proceso de fisión binaria, cuando les cayeron encima sedimentos, se fosilizarón y se quedaron allí muertas in fraganti.

      Hasta aquí les daría yo una idea muy general de lo que es el origen de la vida, porque en realidad cuando uno piensa en este tema, uno puede pensar en términos del origen de un ser humano o de una lagartija; pero en realidad, a los biólogos nos basta con tener bacterias, porque con ello basta para que entre en acción la selección natural y los demás mecanismos de la evolución y podemos llegar hasta donde ustedes quieran.

      Hasta ahora he estado mencionando las ideas de la evolución de manera muy breve, aplicadas a la biología, y en especial al origen de la vida. En realidad, hay que decir que las ideas de la evolución en la cultura occidental no se aplicaron primero a la biología, sino a la astronomía. Entre los primeros que sostienen que hay un sistema que tiene origen, evoluciona y cambia son los astrónomos, cuando se propone la famosa hipótesis de Kant y Laplace para explicar el origen del sistema solar. Esta idea del origen del sistema solar que, como ustedes saben, viene de Kant y luego Laplace la va a desarrollar de una manera muy cuidadosa en uno de sus libros La Mecánica Celeste. Se cuenta que Laplace le enseñó a Napoleón el libro, el Emperador lo hojeó, y con esa inteligencia deslumbrante que tenía lo examinó y dijo:

      -Me parece perfecta su explicación, monsieur Laplace, ¡pero no habla usted en su libro de Dios!

      Y Laplace contestó con la respuesta que en biología seguimos usando intuitivamente (o implícitamente, cuando menos).

      -Si ve-, le dijo, -ésa es una hipótesis que no necesité para explicar el origen del sistema solar.

      Y de repente, Dios se vio desplazado de una manera muy radical hasta de los cielos, que eran su ámbito natural.

      La idea que en astronomía había pegado, que era la idea de la evolución, rápidamente se extiende a la sociología, se extiende a la lingística, se extiende a la biología y, como todos ustedes saben, Darwin, que poseía una creatividad, una inteligencia y una capacidad de síntesis verdaderamente deslumbrantes era, al mismo tiempo, un burgués inglés absolutamente tímido, pero en privado llegó a escribir: ``si pensamos en un charco, en donde hubiera sales nitrogenadas, sales fosfatadas, minerales y descargas eléctricas, allí podría surgir la vida''. Ésta es una carta que no fue descubierta sino hasta mil novecientos treinta y tantos, pero cuando uno lee la carta dice: ¡hombre, pues qué visión la de Darwin, si desde el siglo pasado se da cuenta de que Stanley L. Miller en 1953 va a usar descargas eléctricas para sintetizar aminoácidos. ¿No será que se daba cuenta Darwin que la electricidad es la chispa de la vida?!

      Bueno, a mí me llamó mucho la atención ver exactamente qué era lo que había atrás de Darwin, y resulta que su abuelo vivió, más o menos, en la misma época en la que se escribe un libro, que espero todos ustedes hayan leído: Frankenstein. Y Frankenstein, que tiene una tradición a su vez muy antigua en las tradiciones judías (el Golem) es una figura que se hace popular cuando, en el siglo XIX, Mary Woolstonecraft Shelley se fuga de Inglaterra con su amante, se va a las orillas de un lago en Ginebra y allí se pone a escribir la novela espléndida que todos conocemos. En esa novela también las descargas eléctricas son la chispa que enciende otra vez al monstruo que había estado muerto, hecho de retacería, ¡En realidad, la idea de que en las descargas eléctricas se encontraba el secreto de la vida era parte de una tradición intelectual antigua, que se había originado con los experimentos de Galvani, en Italia. Para los científicos laicos era espléndido el disponer de una forma de energía que parecía animar a la materia inerte, y que tenía una naturaleza física que se podía estudiar en el laboratorio, sin necesidad de recurrir a explicaciones metafísicas. De hecho, el libro Frankenstein fue dedicado al ``Dr. Darwin'', que no era otro que Erasmo, el abuelo paterno de Charles Darwin, y quien había desarrollado una terapéutica basada en descargas eléctricas! Así que desde Galvani surgió esta idea de que la chispa de la vida en realidad son descargas eléctricas, una especie de Eveready del siglo XVIII, que se va a continuar hasta los modelos actuales que tenemos de la tierra primitiva.

      En todo esto, como ven, Dios, Jehová, Alá, Brahma, son hipótesis que no he usado. A pesar de ello, creo que en biología evolutiva nosotros tenemos una deuda intelectual muy profunda con la tradición religiosa judío-cristiana. Y tenemos una tradición muy profunda, arraigada y una deuda intelectual enorme, porque piensen ustedes lo que significa el concepto del tiempo en una cultura como, por ejemplo, la hindú. Si ustedes se dan cuenta, la idea de las reencarnaciones o de las creaciones sucesivas, lo que está implicando es que ahí el concepto de tiempo es cíclico. Hay un Universo que no conserva memoria, hay sistemas que no tienen historia porque todo es cíclico. En cambio, a los cristianos -y esto evidentemente tiene un componente judío muy fuerte- desde que nacen, se les inculca la idea del Pecado Original y que va a haber un Juicio Final; eso significa que hay un origen, la Creación, y hay un fin. Existe, pues, un sentido del tiempo. Y esta idea lineal del tiempo se ha podido demostrar, por parte de una serie de historiadores, que va ha jugar un papel no solamente con teólogos tan importantes como San Agustín de Hipona, sino que va a permanecer a lo largo de toda la Edad Media; Santo Tomás de Aquino lo va a utilizar para argumentar que el Universo tiene un orden en el tiempo y, luego, tan profundamente enraizado en el pensamiento occidental se va a transformar en una concepción del tiempo completamente diferente, sin la cual, ciertamente, nuestras ideas de la evolución, en particular la evolución biológica, hubieran tardado mucho en desarrollarse.

      Yo quisiera terminar esta intervención comentando algo del origen de esa tradición judío-cristiana. ¿De dónde sale? Claro, todos hemos leído el Génesis, el Antiguo Testamento, en algún momento, de ahí me fui a lo que es natural, que es la epopeya de Gilgamesh, que seguramente muchos de ustedes conocerán, en donde es clara la deuda del pueblo judío, de donde a su vez los cristianos tomaron esta historia; allí es claro la deuda de los pueblos judíos con los babilonios; y después, para mi buena suerte, un amigo arqueólogo me pasó un libro maravilloso que se llama Enuma Elish, que viene la primera mitad en cuneiforme y la segunda mitad en inglés (sólo leí la segunda mitad). El Enuma Elish es maravilloso, porque relata la historia de la creación antes del Génesis, al que Deborah estaba haciendo referencia. El Marduk de los babilonios es el Jehová de los cristianos y de los judíos, pero en la historia del Enuma Elish el tiempo sí se puede recorrer un poco más atrás y nos enteramos que Marduk, en realidad, tuvo padre y madre y tuvo abuelos que lo quisieron destruir porque Jehová (Marduk) y sus hermanos eran extraordinariamente ruidosos y no dejaban descansar en paz a los creadores del Universo. De manera que por diferentes enfoques uno puede ir avanzando hacia atrás en el tiempo. Esto es lo que hacemos, con un enfoque un poco diferente, cuando tratamos de averiguar el origen de la vida.

      Pero nada de ello pretende convencer a los creyentes. Cuando la Universidad de Roma le dio el Doctorado Honoris Causa al profesor Oparin, como se lo dio la UNAM en 1979, hubo una recepción muy elegante y Oparin contó que un Cardenal vestido con todos sus ropajes de gran gala, se le acercó y con gentileza de un diplomático del Vaticano le dijo: ``Muchas gracias, profesor Oparin, por explicarme cómo le hizo Dios para crear la vida en la Tierra''.



D. Tabachnik

La verdad es que la posición de monsieur Laplace, en cuanto a la hipótesis que presentó (que no necesita de la hipótesis de Dios para formular las aseveraciones), pues, ustedes verán, a pesar de ser yo un hombre de espíritu, creyente indudablemente, sabemos también que todo aquello que vamos a decir sobre el Génesis, después de comenzar los primeros versículos, tampoco necesitamos de la ``hipótesis'' de Dios; y ya verán porqué.

      Y me voy a permitir comenzar como comienza este gran libro de libros, esta Biblia. Esta Biblia comienza con las palabras: ``En el comienzo, creó Dios los cielos y la tierra, la tierra era caos y obscuridad sobre la fase del abismo. Dijo Dios -como afirmó aquí la doctora Dultzin- sea la luz, fue la luz, y vio Dios que la luz era buena. Separó Dios entre la luz y la obscuridad y llamó Dios a la luz ``día'' y a la obscuridad ``noche'', fue el atardecer, fue el amanecer, un día''.

      Antiguamente se leía este relato como si se explicara el comienzo físico-cosmológico del mundo, luego aprendimos -y esto es sumamente importante para la visión teológica que yo quiero exponer- que el Génesis no nos cuenta cómo fue el comienzo del mundo; no es la intención del libro de los libros, de la Biblia, venir a platicarnos respecto a las teorías científicas de cómo este Universo en el cual nos toca vivir se ha creado, sino que lo que la Biblia quiere platicarnos a nosotros es en qué consiste un comienzo, qué significa una creación. Y la Biblia no sería lo que es, si ésta se tratara de algo que fue; la Biblia es lo que es, porque se ocupa de algo que es, de algo que está siendo, y lo que está siendo es la vida del ser humano como centro del Universo, como centro de nuestra existencia, como objetivo mismo de todo aquello a lo cual nosotros nos dedicamos. Por ello, la Biblia es una didáctica para la existencia, es una enseñanza de vida, y por eso los grandes maestros dicen que es el libro de la vida. Vida, no es historia, no es arqueología, es un mensaje personal para cada uno de nosotros. Preguntaban antes: ¿qué hubo antes del comienzo? Pues aun en la Biblia hay algo que nos platica qué hubo antes del comienzo: antes del comienzo hubo caos, obscuridad, abismo -la doctora Dultzin decía que no se podía ver muy bien-, y esto es lo que precede a la Creación. La Creación surge, entonces, contra todo eso, la Creación surge contra el caos, contra la obscuridad y contra el abismo, y ello se disipará cuando va a aparecer el primer elemento de la Creación, cuando va a hacer su aparición triunfal, justamente, la luz; el principio del comienzo, el inicio de la Creación. Y acá nos viene a decir esto: que la Creación supera a la obscuridad, al caos y al abismo. Podríamos, entonces, decir que el libro de los libros no explica el comienzo del cosmos, sino lo que quiere platicarnos -como ya lo decía- es nuestro propio comienzo, es el ser de nuestro ser y cuál es la esencia. La esencia del ser va a ser la lucha contra todos estos elementos que precedieron a la Creación. Y crear, entonces, va a ser armar las horas, las horas en días, los momentos en una sucesión de sentidos, va a ser querer iluminar la existencia, tratando de encontrar algún tipo de finalidad al tiempo que nos toca vivir, desde ese comienzo hasta el final de los días. Y fíjense qué dice la Biblia: ``fue el atardecer, fue el amanecer, un día'', porque la Creación -tal como los distinguidos paneonistas también lo han afirmado- la Creación es un proceso, es un proceso en el cual el día se va a formar de un atardecer y de un amanecer, de obscuridad y de luz, y acaso también nuestra propia existencia ¿no es la conjugación de estos momentos en los cuales hay a veces ratos de atardecer y ratos de amanecer? o ¿acaso no hay momentos de luz y a veces también de obscuridad? Ésa es también nuestra existencia.

      ``Y vio Dios que la luz era buena'' -dice la Biblia-. ``Separó Dios entre la luz y la obscuridad''. La lógica comienza a desplegarse. La Biblia educa, y el sentido de la palabra es venir y decirnos: ¿sabes qué?, ¡fíjate cómo se hacen las cosas!, ¡atiende a los valores en juego!, ¡aprende a vivir! Y, ¿cómo se aprende a vivir? Pues, ¿qué está haciendo Dios? ¡Fíjense!: la Biblia nos dice que Dios se detiene y contempla su obra y dice ``es buena''. ¿Qué es bueno? Pues, bueno en este estilo será lo concordante con la intención creadora. Y Dios mira y Dios evalúa. Está el objetivo, hay la realización del objetivo, hay la evaluación de lo realizado en comparación con lo que se quería llegar a hacer y aquí vamos a ver que llegamos también al punto de en qué medida uno se compromete con todo ello y entonces seguro que los estudiosos de la Biblia van a hablar entonces de la responsabilidad del ser humano con toda la Creación. Entonces vamos a decir que crear es hacer, que crear es evaluar y luego organizar y luego separar; está escrito: ``separó Dios entre la luz y la obscuridad''. ¿Cómo se separa? El día de la noche separa Dios, pero ¿qué nos está diciendo el texto bíblico en profundidad?, ¿qué está sugiriendo respecto a lo que significa separar, crear, evaluar, dar nombres, llamar a las cosas por sus nombres? Porque el nombre es crear una definición y crear es también organizar y entonces es lo contrario del caos.

      En el primer día, la Biblia dice: día uno, día único, la luz se derrama sobre la existencia, el caos comienza a disiparse, se definen los contornos, las figuras y, entonces, podemos nosotros preguntarnos no solamente qué es lo que Dios creó, sino también qué es lo que nosotros creamos. Si nosotros sabemos separar entre la luz y la obscuridad, si acaso nosotros tenemos la capacidad de evaluar, si damos nombres y cómo son los días. Porque cuando la Biblia se revela al ser humano, pues no se revela para Dios, Dios ya sabe; en nuestras hipótesis ya no es necesario nombrarlo, desde el mismo momento en el cual nosotros estamos en este Universo reveló su voluntad a través de ese libro de libros, pero para que las preguntas las formulemos nosotros respecto de él, o para que las formulemos respecto de nosotros mismos (y éste es el aspecto religioso del Génesis), porque los días se suceden, las presiones y las obligaciones van en aumento, a veces vivimos nosotros a través de los días, hay cierta rutina, a veces cierto automatismo y de pronto viene la Biblia y nos sugiere el día Uno. O sea, que hay un día, hay un momento de atardecer y de amanecer. Un día, un hombre, lo que significa que cada uno es Uno, y entra la posibilidad también de lo único. Hay situaciones en las cuales nosotros tenemos que tomar conciencia, que el tiempo que pasa puede llegar a ser un tiempo único en su calidad, para todos y cada uno de nosotros. Ser uno mismo, ¿cómo se logra?, ¿entonces de qué estamos tratando?, ¿del comienzo del mundo? Quizás la Biblia nos está sugiriendo que en lugar de hablar del comienzo del mundo y del comienzo de la vida a nivel bacterial, lo planteemos, ¡también!, como el comienzo de uno mismo. Me permito leer unas líneas que escribió Jorge Luis Borges en un poema que llamó ``El Instante'':

``Entre el alba y la noche, hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.''


      Y cuando estaba leyendo a Borges, me preguntaba: ¿porqué comienza él hablándonos primero del alba y después de la noche? Yo recuerdo que el texto bíblico señalaba primero a la noche: ``fue el atardecer, y después al alba, fue el amanecer.'' Probable- mente, porque cuando Borges escribía estaba ya en el ocaso de su vida, probablemente porque la Biblia siempre tiene una visión optimista, que al final está el mañana, que al final sale el Sol, y como la luz se irradia sobre todo el escenario cósmico, comienzan en el relato de este libro de libros a aparecer los actores, y todo va apareciendo en seis días. Pero hay también un séptimo día, un día que no es de acción, el día siete que es el día de no hacer; y el siete, según cierta tradición mística, es la señal de lo completo, la realización de la armonía. Y acá no nos encontramos nosotros frente a ciertos acontecimientos separados, sino que uno brota del otro, y lo va completando. Y hay algunas gentes que vienen y afirman: ¿sabes qué?, nadie es perfecto, y la perfección no es de este mundo; y como el hobby mayor del hombre es la evasión, de esta manera queremos justificar cómo nos queremos alejar de lo perfecto. Viene la Biblia y plantea la posibilidad de la perfección.

      ``Y vio Dios que era bueno...'', los días de la Creación son categorías de ser independientes, y no porque quiero entrar en temas de astronomía, pero algunos preguntan qué hay entonces en los cielos y vamos a ver qué nos dice la Biblia: ``Hizo Dios el firmamento y separó de entre las aguas que estaban debajo del firmamento y las que estaban por encima del firmamento. Así fue, llamó Dios al firmamento ``cielos''.

      ¿;Saben cómo se dice ``cielos'' en hebreo?: Shammai.

      -¡No!, raquía, dice la Biblia- interrumpe Deborah.

      -¡No, pero shammai! Ahora vamos a discutir. Dice raquía y dice también shammai.

      -¡Raquía es vacío!- insiste Deborah.

      -Raquía es vacío, es verdad. Pero después dice shammai, ¡qué le vamos a hacer!

      Y esto de cielos, shammai, significa en hebreo: sham-main, ``allí hay agua''. Yo no sé si alguno de los científicos que aquí están puede llegar a corroborar esto, en qué medida es.

      -Una de las moléculas más abundantes en la Nebulosa de Orión es el agua- señala Lazcano.

      -¡Pues, no se equivocó la Biblia!

      Entonces, ahí dice shammai, los cielos, como diciendo ahí hay agua, de ahí desciende el agua. ¿Pues qué teníamos antes?: el caos, en el caos nada es nada, todo es confuso, la separación -la Biblia habla- las aguas de arriba, las aguas de abajo. ¿A ver, qué esperamos encontrar en los cielos? Alguno me va a decir que seguro ángeles; otro pensará hasta en demonios, Satanás mismo; los espíritus. Viene la Biblia y tan simplemente nos dice que el cielo no es el estrado de los dioses. (Las bacterias no necesitan solamente del cielo, ¡están en todos lados!, ¿no?). Entonces, aquel que piensa que el cielo es la casa de Dios, viene la Biblia y les dice: Pues ¡no! ¡El cielo no es la casa de Dios! ¿Y qué esperas tú de los cielos? ¿Sabes qué? Dice la Biblia: de los cielos lo único que tú puedes esperar es la lluvia. El cielo es un paso para llegar a las aguas, y las aguas son un paso para llegar a la esencia misma del Génesis, y ¿cuál es? Es que en el comienzo creó Dios el cielo y la tierra, creó la tierra, es decir, ¡te creó a ti!, ¡a ti ser humano sobre la tierra! Porque tú, ser humano, eres el objetivo, y tú debes conocer tu escenario. La circunstancia es el mundo Tierra, pero el gran actor de esta obra es el hombre, y realmente éste es el planteamiento que nosotros debemos traer. La Biblia es el libro para el hombre a partir de la Creación y es el Génesis de todos y cada uno de nosotros. El Génesis que volvemos cada uno de nosotros a reiterar con nosotros mismos en el momento en el cual nos formulamos los cuestionamientos existenciales del hombre.



1 El grupo ``Pandora'' está formado por los profesores del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias de la UNAM: José Luis Álvarez, Raúl Gómez, José Ernesto Marquina, Ma. Luisa Marquina, Vivianne Marquina y Rosalía Ridaura.