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Nubes de polvo en el sistema solar
y en otros ambientes estelares

Dolores Maravilla
Instituto de Geofísica, UNAM


Los primeros estudios relacionados con la dinámica del polvo cósmico fueron realizados en el siglo XVIII por J.D. Cassini (1730), quien publicó el primer trabajo sobre el origen de la luz zodiacal. Este trabajo fue el punto de partida para llevar a cabo estudios relacionados con la composición química, el tamaño, la densidad, el tiempo de vida en el medio interplanetario y las fuentes, así como la distribución de partículas de polvo (granos) que pueblan el sistema solar.

    Actualmente se sabe que en el sistema planetario existen varias fuentes de polvo, siendo las principales los asteroides y los cometas, quienes pierden constantemente parte de la masa que los forma vía las colisiones y/o la sublimación. La masa perdida pasa a formar parte de la población de partículas de polvo en el medio interplanetario, las magnetósferas y los anillos planetarios (véase Figura 1), el cinturón de asteroides, el anillo de polvo solar y la nube de polvo zodiacal. Esta última es una estructura con forma alentejada cuya densidad máxima se localiza en el plano de la eclíptica (plano donde se sitúa la órbita de la Tierra) y su abrillantamiento máximo se encuentra entre ese plano y la posición de las constelaciones del zodiaco, de aquí que el fenoméno óptico producido por ella reciba el nombre de luz zodiacal.

Figura 1. Los anillos de Saturno



    La luz zodiacal es producida por la superficie de las partículas de polvo que dispersan la luz que reciben del Sol (véase Figura 2). Parámetros como la intensidad, el color y la polarización de esta luz proporcionan información, tanto de la distribución del polvo en el espacio así como del tamaño de las partículas y de sus propiedades ópticas.

Figura 2. La luz zodiacal



    Todavía en la década pasada se pensaba que el polvo que forma la nube zodiacal era el remanente de la materia primigenia que dio origen al sistema solar. Estudios recientes han mostrado que este polvo, así como el que se encuentra en otras regiones del mismo, son más bien un producto de la evolución de los cuerpos más pequeños de nuestro sistema y representan un cúmulo de deshechos del sistema planetario.

    En general, las partículas de polvo que pueblan el medio interplanetario pueden ser clasificadas en cuatro grupos con base en las dimensiones de su radio: el primero toma en cuenta partículas con radios entre 1 y 100 micras, que producen básicamente la luz zodiacal y que se encuentran formando la nube; el segundo consta de granos más grandes (>> 500 micras) que llegan a la Tierra como lluvia de estrellas o meteoritos, e incluso pueden observarse como cuerpos independientes cuando su radio es mucho mayor (del orden de metros). Estas partículas de polvo ingresan en la atmósfera terrestre a gran velocidad evaporándose y ionizando el material atmosférico. Las que miden entre 100 y 500 micras forman el tercer grupo, estos granos producen una cola de iones que puede ser detectada mediante ecos de radar. Finalmente, los flujos de partículas de alta velocidad constituyen el cuarto grupo y han podido ser detectados por las naves espaciales y los satélites artificiales.

    Los granos que forman estos flujos tienen radios de varias decenas de micras, llegando a tener incluso varios centímetros de espesor para polvo detectado en la vecindad de la Tierra.

    La observación de un cometa es uno de los espectáculos más llamativos que puede apreciarse en la bóveda celeste (véase figura 3); su abrillantamiento se debe a que las partículas de polvo que se desprenden del núcleo, cuando los cometas se acercan al Sol, dispersan la luz que reciben de nuestra estrella, este acercamiento trae como consecuencia la sublimación de las componentes volátiles y el hielo, así como la formación de dos colas, una de iones y otra de polvo. En particular, las partículas de polvo son aceleradas lejos del núcleo cometario por la fuerza de presión de radiación solar y pueden contribuir a la densidad de polvo en el medio interplanetario del sistema solar interior, así como a la población de la componente polvosa en el cinturón de asteroides.

Figura 3. El cometa Halley



    Por otro lado, los asteroides producen rocas meteóricas que son fragmentadas en granos de polvo por colisiones. En estos granos, la fuerza de gravedad que actúa sobre ellos es contrarrestada por la presión de radiación, la cual limita su tiempo de vida en el sistema solar. Inicialmente estos granos de polvo se mueven en órbitas keplerianas, y a medida que se acercan al Sol la fuerza de gravedad que actúa sobre ellos se ve compensada por la presión de radiación solar. Si en algún punto de su trayectoria la fuerza de radiación excede la fuerza de gravedad, los granos son eyectados del sistema solar como meteoritos beta (reciben este nombre porque la razón entre la presión de radiación y la fuerza de gravedad se define como: beta), de lo contrario, caen al Sol o se evaporan antes de alcanzar la superficie solar.

    Más allá del sistema solar, la población de polvo también está conectada con el espacio interestelar. El movimiento del Sol respecto a las estrellas que comparten el espacio interestelar local, origina un flujo de gas neutro y partículas de polvo hacia el sistema solar. Este flujo fue primeramente identificado por detectores a bordo de la sonda espacial Ulises. La dirección y velocidad de impacto de las partículas de polvo medida por los detectores establecieron que el origen es más bien interestelar que interplanetario. Se cree que este flujo causa la erosión por impacto de los objetos que forman el cinturón de Kuiper, ya que éste se localiza en el sistema solar exterior y es de donde provienen cometas y asteroides aunque es muy probable que el flujo de polvo interestelar en el sistema solar haya cambiado no sólo con el tiempo, sino también con el paso de los cuerpos planetarios a través de las diferentes regiones del espacio interestelar.

    El polvo interestelar que entra en el sistema solar interacciona con el plasma del medio ambiente, el resultado de esta interacción es la adquisición de la carga eléctrica por las partículas de polvo vía la ionización por presión de radiación solar y estelar y por intercambio de iones y electrones del plasma ambiente. Los granos estelares muy pequeños adquieren una carga eléctrica relativamente alta (comparada con su masa) y gracias a ella son deflectados de su órbita por la fuerza de Lorentz, por esta razón la carga determina si las partículas interestelares entran a la heliosfera (región del espacio interplanetario donde domina el viento solar) o no.

    Los granos interestelares que pasan a formar parte del sistema solar, originan la extinción del polvo en el espacio interestelar y son deflectados hacia el medio interplanetario en la frontera de la heliosfera. Desafortunadamente, las partículas muy pequeñas no han podido ser detectadas en las regiones lejanas del sistema solar exterior porque sólo los granos de varias decenas de micras entran al sistema solar en órbitas keplerianas alrededor del Sol.

    Recientemente, en nuestro sistema solar, han sido observadas las interacciones entre el plasma y las partículas de polvo en las magnetosferas planetarias, tal es el caso de la detección de los haces colimados de partículas de polvo submicrométricas en regiones cercanas a Júpiter (Horanyi M. et al., 1993). Una vez, que los granos se encuentran en el medio interplanetario o dentro de una magnetosfera planetaria, adquieren una carga eléctrica como resultado de la interacción entre el plasma magnetosférico y el polvo o éste y el viento solar. Si la razón carga/masa es suficientemente alta, las partículas de polvo pequeñas ven modificada su dinámica en presencia del campo magnético. Cuando la densidad del polvo es tal que forma la componente pesada de un plasma (cualquier estado de la materia que contiene suficientes cargas libres como para que su comportamiento dinámico sea gobernado por fuerzas electromagnéticas) (Boyd y Sanderson, 1969), se crea el sistema polvo-plasma mejor conocido como plasma polvoso. Este tipo de plasmas se encuentra en los anillos planetarios, las magnetosferas planetarias y las colas cometarias entre otros (Mendis D.A. 1997).

    Por otro lado, el polvo que se encuentra en el medio interplanetario no produce fenómenos de tipo colectivo y es ionizado cuando las superficies de los granos interaccionan con las partículas energéticas que forman el viento solar, la ionización se produce básicamente por sublimación o destrucción colisional. Ambos fenómenos fueron detectados en el sistema solar exterior por los medidores de partículas del viento solar a bordo del Ulises y más recientemente, en medidas realizadas en el ambiente solar por el satélite SOHO (véase Figura 4). Las mediciones indican que la dinámica de este polvo está dominada por procesos físicos complejos y desafortunadamente no revelan la composición química del material que forma los granos de polvo.

Figura 4. El satélite SOHO.



    El conocimiento de la composición química del polvo está limitado a las muestras de meteoritos colectados en la Tierra y a los granos colectados en la atmósfera terrestre. Más recientemente, los estudios realizados en cometas han permitido identificar las propiedades químicas del material permitiéndonos entender su origen así como la historia del sistema solar. En particular, las observaciones espectroscópicas han identificado la presencia de silicatos, así como el intervalo de temperaturas en el cual este material estuvo expuesto durante la formación y evolución de los cuerpos cometarios.

    Observaciones del cometa Halley realizadas por las sondas Vega y Giotto, permitieron identificar una gran abundancia de los elementos C, H, O y N (Mendis D.A., 1985) en algunos granos (partículas CHON) indicando posibles compuestos orgánicos presentes en el polvo cometario. Estos compuestos son quizás las características más interesantes en el estudio de los plasmas cometarios y los plasmas polvosos.

    A principios de esta década, la NASA y la Agencia Espacial Europea planearon tres misiones espaciales destinadas al estudio de las partículas de polvo cometarias que serán desarrolladas a finales de este siglo, estas misiones son:
  1. La misión ``Star Dust'', que proporcionará una muestra del material cometario para ser analizada en la Tierra.
  2. La misión ``Rosetta'', que incluirá una sonda que aterrizará en la superficie cometaria y llevará a cabo un reconocimiento mediante sondeo.
  3. El experimento MIRO, que detectará las trazas de las especies moleculares emitidas por el núcleo, así como de los granos de polvo.
    Por otro lado, no sólo el estudio del material cometario es importante, sino también el estudio de la evolución de los discos de material residual circunestelar y del polvo interplanetario. Así como en nuestro sistema solar, el tiempo de vida del polvo alrededor de las estrellas en la secuencia principal está limitada, la existencia de los discos de residuos indican que los planetesimales y los cometesimales son fuentes de polvo en el espacio interplanetario e interestelar. Desafortunadamente, la existencia del polvo en cualquier ámbito, dificulta o impide la observación de los cuerpos planetarios; por ejemplo, la nube tenue de polvo de nuestro sistema solar, limita la probabilidad de que la Tierra sea detectada desde regiones externas al sistema planetario exterior; y en otros sistemas, la existencia de nubes de polvo más densas imposibilitan el estudio de sus planetas. Por esto, estudiar la dinámica del polvo en el sistema solar es de vital importancia para comprender la evolución dinámica de las nubes de polvo circunestelares y su conexión con los sistemas planetarios y tal vez en un futuro cercano se podrá responder a preguntas como:
  1. ¿Cuál es la distribución de tamaños de partículas de polvo que giran alrededor de cuerpos padres?
  2. ¿La existencia de los planetas puede cambiar la forma de la nube de polvo?
  3. ¿Cómo influyen la radiación y las fuerzas electromagnéticas en la dinámica del polvo?
  4. ¿Cómo podrían detectarse los planetas en otros sistemas solares si su nube de polvo fuese muy densa?
    La respuesta a todas estas interrogantes está vinculada con el estudio de la dinámica de las partículas de polvo y sus efectos sobre el ambiente cósmico, de la evolución de los sistemas planetarios a partir de las nubes de polvo y los discos de materia residual, del tipo de material que forma los granos y del calentamiento del mismo, de los procesos físicos que intervienen en la adquisición de la carga eléctrica, de la producción de los impactos de alta velocidad así como de las interacciones del plasma con el polvo. Todos estos tópicos representan un gran reto para la investigación espacial del futuro y sin lugar a dudas enriquecerán el conocimiento que hasta ahora se tiene de la dinámica del polvo cósmico.

Referencias
  1. Boyd T.J.M. and Sanderson J.J., 1969, Plasma Dynamics, Butler and Tanner Ltd.
  2. Cassini J.D., 1730, ``Decouverte de la lumiere celeste qui parait dans le zodiaque'', Mem. Acad. Roy. Sci., Paris, 8. Comp. Libraires, Paris, 119-209.
  3. Horanyi M. et al., 1993, JGR, 98, 21, 245.
  4. Mendis D.A. et al., The physics of the comets, 1985, Gordon and Breach, Science Publishers, Inc.
  5. Shukla P., Mendis D.A. and Desai T., Advances in Dusty Plasmas, 1997, Eds., Singapore Press.